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Vol 36, N° 53, (1-30), EISSN: 2215-2997, julio - diciembre 2016

URL: www.revistas.una.ac.cr/abra

DOI: http://dx.doi.org/10.15359/abra.36-53.5

Esbozo sobre el origen, fundamentación y desarrollo de la arqueología del paisaje

Outline of the origin, foundation and development of landscape archeology

Manuel Alejandro Castillo Poveda

Profesional independiente, Costa Rica. castillopoveda@hotmail.com

Fecha de recepción: 4/09/2015. Fecha de aceptación: 20/05/2015. Fecha de publicación: 30/10/2016

Resumen: el presente trabajo expone los inicios, fundamentación y desarrollo de la corriente teórica denominada arqueología del paisaje; dicho abordaje se realizará por medio de una revisión bibliografía atinente a su construcción histórica, además de las distintas influencias que impregnaron dicho movimiento teórico. Se abordarán temáticas referentes a cronología, figuras relevantes, posturas filosóficas, políticas, así como científicas, todo ello con el fin de comprender de mejor manera este movimiento teórico y sus implicaciones, la construcción de un discurso y la fractura del esquema normativo de la investigación arqueológica.

Palabras claves: arqueología; realidad; fenomenología; existencialismo.

Abstract: This paper presents the origin, foundation and development of the theoretical trend known as landscape archeology. The paper is based on a literature review of its historical construction, as well as the various influences that permeated this theoretical movement. Chronology, important figures, and philosophical, political as well as scientific points of views will be addressed in order to better understand this theoretical movement, its implications, the construction of a discourse and the fracture of the normative scheme of archaeological research.

Keywords: archaeology; reality; phenomenology; existentialism.

Introducción

Al analizar los resultados y hacer una reflexión sobre ellos y su enunciado discursivo, el esquema teórico o metodológico que se utilizó, las connotaciones políticas, epistemológicas e incluso filosóficas que le desarrollaron y que se evocan, es que se contextualiza una investigación, permitiendo confrontarla o bien que transforme su nexo con la línea de pensamiento utilizada, dejando de lado la réplica de metáforas a realidades.

En el campo de la arqueología es necesario practicar dicho ejercicio deconstructivo1 a los esquemas de pensamiento, teorías, técnicas y términos utilizados; ya que en los mismos va implícito todo un entorno político que puede ser mal entendido o ignorado. En este caso se indagará el concepto de paisaje el cual se asocia a una corriente de pensamiento que alude a la introducción de una idea humanista ante la objetividad2 radical a la hora de producir discursos científicos.

Para introducir este tema cabe mencionar que se entiende la disciplina de la arqueología (del griego “ρχαίος” archaios, viejo o antiguo, y “λόγος” logos, ciencia o estudio) como la ciencia que busca la comprensión de un entorno social con base en evidencias que el mismo pueda ofrecer, además de procurar que se conserve e incorpore a la dinámica económico-cultural contemporánea (San Martín, 1994), cuyo impacto repercute en la construcción de un discurso histórico (Bendala, 1981), científico, de gestión (Ruiz,1991), además de la ayuda en el proceso de forjar una identidad (Ahler, 1994).

Esta disciplina se vuelve importante ya que rescata el valor de la existencia de sociedades antiguas y favorece la comprensión sobre ellas como fenómenos temporales pasados. Este conocimiento, al incorporarse a la realidad contemporánea impacta la consciencia, el entorno en que se vive y por ende, la historia. “La arqueología se convierte en una herramienta la cual permite ver esa gama tan distinta, el entendimiento de las distintas realidades, y al mismo tiempo tomar conciencia en torno a ellas” (García, 2007, p. 205).

A continuación se mostrará una pequeña reseña de la historia de la arqueológica en Costa Rica, con el fin de trazar una silueta del desarrollo de esta disciplina en esta nación; para dicho resumen se tomará como base el trabajo realizado por Murillo, (2005), denominado “Estado actual y perspectivas de la investigación arqueológica en territorio costarricense”3.

En un inicio (siglos XVIII y XIX) la arqueología construía colecciones de artefactos estéticamente sugerentes pertenecientes a las sociedades precolombinas, esto con el fin de efectuar exposiciones dentro y fuera del país. Además, las explicaciones con respecto a ese pasado recaían en asociaciones fantasiosas e idealizadas, sin ningún sustento en evidencia (Aguilar, 2010).

A finales del siglo XIX se llevan a cabo los trabajos de Anastasio Alfaro (1894), así como los de Carl V. Hartman (1901). En los de este último sobresalen los métodos sistemáticos utilizados, lo cual representaba una rigurosidad en el trabajo arqueológico como un objetivo más allá del coleccionismo.

Posteriormente, el arqueólogo Carlos Aguilar destaca por la priorización de la información obtenida en sus excavaciones, lo que vino a generar junto a Claude Baudez y Michael Coe, la construcción de dimensiones temporales por medio del método estratigráfico, esto provocó una ruptura “con la concepción estática del tiempo en la descripción y explicación arqueológica practicada en Costa Rica hasta finales de la década de 1960, preocupándose por la construcción de secuencias y cronologías culturales” (Murillo, 2005, p. 45), quebrantando el modelo descriptivo, como sincrónico que imperaba en el siglo XX. (Fonseca, 1988, p. 20).

En 1975, la Universidad de Costa Rica forma la primera generación de arqueólogos y arqueólogas nacionales) en un contexto donde los requerimientos, las posiciones, así como los enfoques estarían ligados de una manera más cercana y en relación a las políticas que se manejaban en la nación costarricense (Murillo, 2005).

Durante la década de 1980 arqueólogos como Michael Snarskis, Frederick Lange, Óscar Fonseca y Luis Hurtado de Mendoza introducen ideas correspondientes al enfoque teórico denominado Nueva Arqueología4. Esta generó el desarrollo de diversas temáticas de investigación en el contexto nacional, como es el caso de la especialización socioeconómica (Abel-Vidor, 1980), paleoecología (Sánchez, 1986), configuraciones de sociedades tempranas (Acuña, 1983; Snarskis, 1979; Valerio, 2004), relaciones entre asentamientos (Acuña,1987), contactos interregionales (Corrales, 1994; Creamer, 1992; Lange, 1984a; Snarskis, 1984a; Snarskis y Blanco, 1978), patrones de asentamiento regionales (Hurtado de Mendoza, 1984), locales (Drolet, 1986; Fonseca, 1981; Snarskis y Herra, 1980) y áreas de actividad (Solís, 1991).

Además, resaltan otros trabajos realizados por extranjeros en el territorio costarricense, por ejemplo: Payson D. Sheets, quien ejecuta un proyecto de investigación en la región del Arenal (Sheets y Mueller, [Eds.] 1984; Sheets y McKee, [Eds.] 1994; Sheets, [Ed.] 2006), Claude Baudez, quien estableció secuencias culturales para la región de Diquís (Baudez, et al. 1993) y (Quilter, 2004), que abarca la temática referente a sentamientos funerarios.

Un trabajo sobresaliente es el de Michael (Snarskis, 1983, p.6), en el cual se enfoca la catalogación cronológica del material precolombino con base en cualidades estilísticas, difusionistas y funcionales. A partir de este trabajo se infiere una preponderancia o encasillamiento en el “Período Clasificatorio Histórico5” en el campo de la arqueología costarricense (Murillo, 2005, p.48).

Actualmente resaltan un conjunto de investigaciones arqueológicas, cada una de las mismas ligadas a instituciones públicas; entre ellas pueden citarse “Nuevo Corinto: Una aldea Cacical” (Salgado, et al. 2013) y “Estudio de los límites espaciales y temporales del sitio arqueológico Guayabo de Turrialba (C-362 MNG)” (Alarcón, 2012, 2013). Estos dos trabajos caracterizaron temporal, funcional y espacialmente distintos ambientes de los sitios6 investigados7; estos por parte de la Universidad de Costa Rica, como ente encargado en la formación de profesionales de dicha disciplina.

El “Proyecto de sitios con esferas de piedra en el Delta del Diquís” (Corrales y Badilla, 2005), así como “Desarrollo y alcances del poder cacical amerindio en el caribe central de Costa Rica: el sitio las Mercedes-1” (Vázquez, 2005; Vázquez y Chapdelaine, 2005; Vázquez, et al., 2009, 2013). Ambos con el objetivo de indagar sobre la organización cacical en las respectivas regiones donde se ubican los sitios estudiados; los cuales son trabajos del Museo Nacional de Costa Rica, ente estatal responsable del resguardo del patrimonio arqueológico del país.

Otros proyectos arqueológicos, ejecutados con el fin de evaluar el área a impactar en el desarrollo de la construcción de infraestructura, algunos de estos son “Proyecto Hidroeléctrico Reventazón” (2008), “Proyecto Hidroeléctrico Boruca” (2005) y el “Proyecto Hidroeléctrico El Diquís” (2005). Los cuales se enmarcan dentro del Instituto Costarricense de Electricidad.

Ante este recuento, cabe recalcar que los posicionamientos teóricos que han tenido una preponderancia en el desarrollo de la arqueología en Costa Rica8, (Corrales, 2003) llevan a cabo un conteo de los distintos trabajos de graduación efectuados en Costa Rica en esta disciplina. La mayoría se encuentra dentro de la Ecología Cultural; este marco teórico se sustenta en las distintas condiciones y expresiones que lleva al ser humano al proceso de adaptación al ambiente natural en que se asienta (Steward, 1993); el Materialismo Histórico9; la corriente procesual, cuya premisa refiere a la cultura como un sistema integrado por una serie de subsistemas relacionados; por último, el enfoque Histórico-Cultural el cual remite a definir empíricamente cada cultura en términos de elementos materiales recurrentemente asociados (White, 1982), delimitando su estratigrafía y sincronismos (Childe, 1936).

El concepto de paisaje

En el campo de la arqueología, el término paisaje se presenta a finales de la década de 1950, en la publicación Ancient Landscapes de Brandford (1957). Posterior a dicho texto, se lleva a cabo su utilización de una forma ambigua y con una “desorientación política” (no define su posicionamiento ontológico10 ni epistemológico11); al no poseer un direccionamiento teórico, se subyuga a conceptos como espacio, ambiente, geosistema, entre otros (Mateo y Vicente da Silva, 2007).

El escrito de Brandford (1957) introdujo una nueva forma de comprender el entorno, ahondó en la presencia de los seres humanos en el medio y el papel activo de estos dos elementos como ejes dinámicos del mismo; apuntando hacia “una verdadera ciencia de las relaciones del hombre [sic] y la naturaleza: relaciones presentes o antiguas y pasadas. Ciencia joven, pero viva, llena de savia y de expansión, que sucinta abnegaciones, despierta vocaciones…” (Febvre, 1922, p. 18).

Es hasta 1974 donde formalmente un conjunto de geógrafos y un arqueólogo producen el trabajo denominado “Estudios sobre centuriaciones romanas en España” (Roselló, 1974)12 , el cual otorga las bases para insinuar una escuela de pensamiento referente al término paisaje (González, 1996, p. 224).

El surgimiento en la tradición academia13 de la propuesta cognitiva del concepto paisaje se le otorga a Paul Vidal de la Blanche, geógrafo francés del siglo XX, conocido como el fundador del movimiento denominado posibilista geográfica; corriente de pensamiento perteneciente a la escuela francesa en ese campo de estudio (Delgado, 2009, p. 3).

Esta corriente de pensamiento sitúa a la geografía como la encargada de responder a los cambios y relaciones entre el entorno geográfico, además del social; esto como contestación al esquema determinista-darwinista planteado por Friedrich Ratzel (geógrafo alemán del siglo XX), representante de la escuela de su nación y fundador de la antropogeografía14 (Delgado, 2009, p. 3). Su enfoque filosófico puede ser expresado mediante un fragmento de su texto “Le sol, la société et l’État”; donde resalta un sentido de linealidad y ascendencia al concepto de evolución y progreso, así como una noción de dominación ante la naturaleza, “el progreso puede ser calculado, con una aproximación suficiente para una espiral ascendente cuyo radio está aumentando en creciente” (Ratzel, 1900, p. 16)15 .

El fenómeno evocado por estas dos corrientes teóricas, en razón de la Arqueología del Paisaje o la noción de paisaje en sí misma, posee una importancia fundamental. El esquema establecido por Ratzel con su teoría antropogeografía (1882-1891) (donde se conserva y prioriza la noción de “objetividad” del ser humano ante la naturaleza) es contrapuesta a la noción que tiene Vidal de la Blanche; la cual no disocia a la persona de su entorno, ni a este de la subjetividad. Dicha idea luego la resaltarán historiadores como Bloch (1952-1956) y Dion (1934) con trabajos sobresalientes para dicho enfoque.

Dentro del campo de la geografía continuaron proponiéndose otras nociones teóricas, tomando en cuenta las postuladas anteriormente (geografía física, comparada, antropogeografía, determinismo ambiental). En la arqueología dicha perspectiva, referida como Paisaje, ingresó a la academia de manera tardía (su origen remite al siglo XIX, su aparición en la arqueología a 1957 y su afianzamiento a 1980) e indefinida; esto debido a dos razones primordiales.

En primer lugar, la no definición del concepto paisaje, ya sea teórica o metodológicamente; “los usos reales dados a la palabra rebasan, con mucho, su significado estricto, y, por otra parte, siempre ha acusado una falta de precisión y, por ello mismo, una fuerte polisemia” (Orejas, 1991, p. 193) y, como segunda razón, su desorientación o desubicación política, esto debido a “la abundancia de enfoques y terminologías sobre la utilidad de los conceptos de paisaje” (Anschuetz, et al., 2001, p. 158). Además de no tener “un reflejo inmediato en las definiciones «oficiales» del mismo -retraso aún hoy constatable- y no ha seguido el mismo ritmo en todas las lenguas, de forma que los términos que se consideran equivalentes no se refieren exactamente a las mismas realidades” (Orejas, 1991, p. 193). Ello debido a que la postura de Ratzel por mucho tiempo contó con el apoyo de las instituciones estatales (él era un defensor de una estructura ideológica-académica-determinista16) y, con esto, enfoques alternos no gozaron de popularidad.

Algunos ejemplos de este pensamiento refieren a los textos publicados a principios del siglo XX como fue el caso de Anthropogeograpie (1882-1891) y Politische Geographie (1903), escritos que resaltan la idea criticada por (Febvre, 1922) en L`année sociologique, donde expone que la relación entre las sociedades y el espacio “sirve como soporte rígido a los humores y aspiraciones cambiantes de los hombres y regula los destinos de los pueblos con ciega brutalidad” (Febvre, 1922, p. 17). Este fragmento del texto resalta su postura teórico-metodológica, así como el carácter totalitario e imperialista de la sociedad y la política alemana de ese entonces (Bismarckiana- Tercer Reich), que luego dará indicios a la idea de paisaje. Ratzel promovía como postura:

El crecimiento espacial de los Estados va a la par con el de su cultura, que la extensión de los Estados crece en paralelo al refuerzo de otras manifestaciones de su desarrollo económico y también de la ideología, y que los Estados se extienden incorporando o asimilando unidades políticas vecinas de menor relevancia, donde la frontera es un órgano vivo cuyo trazado materializa el dinamismo, poder y cambios territoriales del Estado respectivo, prevaleciendo una lógica geográfica en el proceso de expansión espacial. (López, 2011, p. 160).

Como respuesta ante tal corriente surge la figura de Vidal de la Blanche en Francia, nación que era afectada por los efectos de la Revolución Industrial, la modernización capitalista y las migraciones de la población campesina a los cascos urbanos. “La modernidad y la modernización capitalista estaban erosionando los patrones tradicionales de la vida rural y, por supuesto, toda la sociedad y la misma estructura regional francesa se estaban transformando, con la ciudad como nodo articulador” (Delgado, 2009, p. 6). Con el objetivo de realzar el valor, así como la pertenencia a Francia, una de las políticas aplicadas más relevantes fue la promoción de la educación pública, con lo cual se incentiva el fortalecimiento en la identidad por ser parte de dicha nación.

Los habitantes de la Francia del siglo XIX generaron un sentimiento de pertenencia hacia su nación. Pero, ¿cómo se insertó en la institucionalización político-científica la noción de la Blanche? Los gobiernos republicanos de la época enfatizaron tal política y de la Blanche (desde el campo de la geografía y como respuesta a las proposiciones de Ratzel) postula tres críticas esenciales. La primera hace referencia a una “des-socialización del saber, que es en verdad una forma de descomprometerlo con la práctica social y de disimular su contenido ideológico” (Álvarez, 2000, p. 43). Tal premisa muestra la dependencia, como empresa política de la cual la ciencia es parte, por lo que invoca un alejamiento de dicha posición y descentralización del Estado en todos los ámbitos que envuelven al ser humano.

La segunda proposición remitía a “la minimización del elemento humano, que aparecía como pasivo” (Álvarez, 2000, p. 43). Donde se expresa el desligue de la persona ante los procesos naturales, causando una pretendida completa “objetividad”, un alejamiento del individuo del campo de visión científica, como un involucramiento del ser en dichos fenómenos, no en el sentido positivista; sino evocando una dialéctica entre medio y ser humano.

Afín al tercer enunciado, y en estrecha relación con lo anterior, Vidal de la Blanche promulga una complejidad de la realidad. Aspecto que retoma al ser humano como un ser pensante, no estructurado ni condicionado a determinantes evolucionistas, ni categorías sociales; “concepción fatalista y mecanicista de la relación entre los hombres y la naturaleza. Así, tocaba directamente la idea de la determinación de la historia por las condiciones naturales” (Álvarez, 2000, p. 44). Este elemento resalta la necesidad de optar por una postura relativista que no generalice los postulados.

Es por ello que Vidal de la Blanche lleva a cabo un corte abrupto en la concepción de ciencia y ser humano vigente en la época, contrastando la postura de Ratzel. Según Vidal de la Blanche, “la geografía es una ciencia natural más que social; es una ciencia de la tierra que estudia los lugares, y es por esa vía que se ocupa de la acción del hombre [sic], porque el hombre como factor geográfico, activo y pasivo a la vez, entra en el juego de naturaleza en la creación de los lugares” (Delgado, 2009, p. 11). Dicho geógrafo expone una compleja comprensión de su disciplina y la gama de fenómenos que la envuelven en su escrito “Geografía, ciencia humana”, donde afirma:

Una individualidad geográfica no resulta de simples consideraciones de geología y de clima; no es algo que de antemano dé la naturaleza. Es menester partir de la idea de que un país es un receptáculo en donde duermen energías cuyo germen la naturaleza ha depositado, pero cuyo empleo depende del hombre [sic]: éste es quien, amoldándola a su uso, pone en descubierto su individualidad; él quien establece una conexión entre caracteres diseminados, quien substituye los efectos incoherentes de circunstancias como un concurso sistemático de fuerzas; y entonces es cuando un país se concreta y diferencia, cuando se convierte, andando el tiempo, en una especie de medalla acuñada con la efigie de un pueblo (Vidal de la Blanche, 1977, p. 118)17.

Arqueología del Paisaje y sus lugares de producción alrededor del mundo

El motivo de este apartado es observar la disputa en torno a la manera de construir ciencia (inmersa en esta se encuentra la Teoría del Paisaje) se desarrolló en distintas escuelas y países, esto con el fin de percibir si se aceptaba (o no) la nueva concepción del ser humano o la permanencia del sistema sobre este. Dicho argumento vendría a explicar cómo la empresa del paisaje fue cortada abruptamente o mal entendida en varias naciones y grupos académicos, sufrió debido a su carácter humanista el mismo fenómeno de declive que sus similares posturas al no concordar con el esquema de objetividad asociado a la ciencia institucional, el cual refiere como premisa que “la variabilidad en la estructura territorial constituye una respuesta funcional (minimización de costes/optimización de la eficacia en la obtención de recursos) destinada a procurar la estabilidad” (Diez, 2007, p. 6), la cual se ve representada por la escuela histórico-cultural, o por una fuerte influencia de la Nueva Arqueología americana (Alcina, 1989, p. 94).

La arqueología del Paisaje en Francia resalta en su desarrollo por la incorporación metodológica de la fenomenología existencial: “en vez de tener como objetivo la búsqueda de leyes generales, ahora se pretende una comprensión de los hechos que se logra a través de un contacto de los mismos dentro, es decir que el geógrafo18 participa y se compromete con lo que estudia” (Estébanez, 1982, p. 12).

En Francia, la arqueología del paisaje es una corriente filosófica que resalta en su desarrollo por la incorporación metodológica de la fenomenología existencial, reflejo de dicha postura es la adopción de los trabajos pioneros de Edmund Husserl, Karl Jaspers, Martín Heidegger, Jean Paul Sartre, Maurice Merleau Ponty y Paul Ricoeur, cuya filosofía conjunta sirvió de guía, aunque no estimaba una definición concreta del paisaje, ya que se referían al modo (o método) en que se deben de concebir las cosas, más que a la teoría. Este enfoque daba énfasis a la dinámica del mundo y el ser humano conjuntamente, evitando caer en objetivismos o en determinismos extremos.

Uno de estos trabajos referentes de la arqueología en Francia es el de Bazzana y Humbert, (1983), denominado Prospecciones aéreas. Los paisajes y su historia19; donde sobresale la idea de reivindicar lo visible como medio de apropiación del conocimiento científico en un determinado paisaje, esto a través de las capturas fotográficas aéreas en la casa de Velázquez, España. En el mismo, el paisaje es entendido como “imagen conformada de apreciaciones individuales y sociales” (Orejas, 1991, p. 210).

Esta postura fue bien aceptada en Francia, al punto de poder establecer proyectos de investigación y mesas redondas que enfatizan a la arqueología como un campo de enlace entre diversas disciplinas.

La única fuente que se logra ubicar referente a la influencia inicial de la arqueología del paisaje en los países nórdicos, remite específicamente a Noruega. Esta es la publicación del congreso de 1986 realizada por el instituto de Botánica de la Universidad de Bergen y que se tituló The cultural landscape past, present and future (Birks, et. al., 1986), obra que critica un posicionamiento determinista y de carácter estático; resaltando tanto la importancia de las transformaciones, como las de las dinámicas llevadas a cabo en un espacio. Almudena (Orejas, 1991, p. 209) se refiere a este trabajo como una calumnia a la concepción de un paisaje “natural virgen”, ya que rechaza “la idea de una oposición radical entre paisaje natural (paisaje no cultivado)/ paisaje cultivado, y reconocer el impacto creciente, aunque no con un ritmo regular, del hombre sobre el medio” (Orejas, 1991, p. 210).

En Italia destacan estudios referidos al paisaje urbano y agrario de poblaciones antiguas; investigaciones que reflejan una influencia inglesa, esto al tomar como base los escritos difundidos por la revista de la escuela británica en Roma, con un abordaje más cercano a la historia del arte; ejemplo de estos fueron los trabajos de Cucini et al. (1988) y Cambi (1988), en donde la concepción de paisaje no expresaba:

ninguna definición clara; era demasiado abierto a interpretaciones arbitrarias. Sin embargo, lo que más se puede esperar de un concepto traído originalmente a la geografía para describir la bruma, la “neblina” del mundo, para dar forma espacial e imaginación para un horizonte proyectual, a un nuevo orden social y político, pero eso fue transformado progresivamente en un recipiente “objetivo” de “objetos” geográficos. (Minca, 2007, p. 14).

A esta escuela no se le adjudica una relación política de importancia en el desarrollo de la corriente paisajística, aunque para la geografía europea fue vital para su fundamentación, ya que proponía una variación nacional perimétrica, por lo que se “habló de un momento político fundamental en la génesis de la geografía europea’’ (Minca, 2007, p. 181)20, el cual estudió las distintas maneras en que se utilizó el concepto de paisaje en la geografía, que buscaba como objetivo científico, además de político, la construcción de un compromiso entre este y la burguesía.

El por qué no proliferó la noción de la arqueología del paisaje (expuesta por Vidal de la Blanche) se desconoce, sin más, el fenómeno social que dio pie a la fundación de la misma buscaba abarcar las transformaciones que el hombre hace sobre el medio (el hombre como agente geográfico), así como, las influencias del medio geográfico sobre el hombre y la sociedad (Febvre, 1922); lo anterior, en Italia, provocó la renuncia del movimiento del paisaje. “El problema del poblamiento rural en los periodos moderno y contemporáneo tuvo un incipiente desarrollo en los años 60 y 70 en Italia, si bien a partir de ese momento esta temática fue abandonada casi totalmente” (Quirós y Milanese, 1994, p. 268).

De este contexto se rescata la definición que realiza Guideri al respecto, “La arqueología del paisaje, por lo tanto, es la disciplina que investiga los procesos de transformación del asentamiento humano en el espacio y el tiempo” (Cucini, et al., 1988, p. 79)21. Noción que conlleva una idea de dinamismo, aspecto que no fue expresado por los trabajos que representaron el movimiento de la Teoría del paisaje en la nación italiana.

En cuanto a España, la arqueología del paisaje se caracterizó por la ausencia de un direccionamiento político común, factor que hace converger a diversas posturas con la denominación paisaje; aunque no refieran al sustento histórico de dicho concepto.

Otra cualidad de la misma es la tecnificación de los estudios, paralelos a un incremento en aspectos tecnológicos, dejando de lado las discusiones o problematizaciones metodológicas y teóricas hasta inicios de la década de 1990. “La arqueología del paisaje en España, entendida en un sentido dilatado, apenas si tiene una presencia testimonial e incipiente, carente de una definición clara, de objetivos y sistematización de la forma de trabajo” (Orejas, 1991, p. 230). Como influencia moderna de este movimiento resalta el español Felipe Criado Boado, el principal representante actual; al mismo se le adjudican trabajos referentes al megalitismo22. En 1989 desarrolla la tesis de cómo estas expresiones líticas son un modo de configuración del espacio social, en donde se pueden rescatar distintas manifestaciones tanto temporales como espaciales.

Otros investigadores que continúan con esta línea son Plana, (1990) la cual remite al estudio de las trasformaciones del paisaje rural acorde al periodo de bronce final, primera fase ibérica y en la romanización, del cual se infiere ser un producto que responde a la estructura socio-económica.También se puede citar a, Malpica, (1996), quien investiga el desarrollo social de la costa de Granada a lo largo de la Edad Media, abriendo más el espectro temporal y espacial.

La escuela anglosajona no fue influenciada por la noción de paisaje; esta siguió otra perspectiva que, de cierta manera, se oponía a la misma. Dicha corriente respondió a “una conciencia de la necesidad de reflexionar tanto sobre las propuestas teóricas de la nueva arqueología como sobre el sentido de la aplicación de modelos y técnicas de cuantificación” (Orejas, 1991, p. 206); a la vez, daba una preponderancia a la representatividad numérica y no a la noción del “ser humano en el mundo”.

De la nueva arqueología en Inglaterra y EE.UU. se deprendieron diversos enfoques como es el caso de la Ecología Cultural, Arqueología Espacial, la Paleo-economía y el Procesualismo; corrientes que cambiaban su enfoque en cuanto a su objeto de análisis, pero concluían coincidentemente con argumentos deterministas-funcionales. Aunque la palabra paisaje (o landscape) se encuentra en varias producciones científicas, esta presencia se ve minimizada a solo una función calificativa lo que le resta potencialidad. Es decir, el concepto de paisaje no expone ninguna propuesta ontológica ni epistémica, simplemente recae en una función de sustantivo (Whittlesey, Ciolek-Torrello and All’ichul, Eds, 1997).

Trabajos representativos de este movimiento son Willey, (1953), quien remarcó la necesidad de no únicamente estudiar el espacio arqueológico, sino su evolución en el tiempo; Binford, (1968) enfatizó el entendimiento de un sitio arqueológico desde los inicios de su formación; Clarke, (1972) destacó la necesidad de privilegiar la cuantificación en el registro antiguo, así como su sistematización; Hodder y Orton, (1976) plantean que el registro material representa no solo una funcionalidad general, sino particularidades que el individuo que lo creó y utilizó, le asignó. Flannery, (1972) enfatizó en la utilización de las teorías de sistemas en el registro arqueológico y Higgs, (1961), quien promovió que el desarrollo social está determinado por el medio; dichas investigaciones abarcan una diversidad de temáticas y problemas, sin embargo, la concepción del paisaje no es desarrollada.

Estas ideas colonizaron América, “países dominados bien por una arqueología tradicional con bases en la escuela Histórico-Cultural, o por una fuerte influencia de la nueva arqueología americana” (Alcina, 1989, p. 94) y proliferaron a lo largo del continente fortaleciendo dichas perspectivas, tecnificando el concepto de ciencia; ello deriva en un interés técnico o instrumental correspondiente con lo que “la mayoría de los arqueólogos americanos identifican como ciencia en la arqueología procesual, ecológica, evolucionista, positivista” (Hodder, 1991, p.13), instituyendo una escuela a lo largo de América Latina, limitando la introducción de la corriente de la arqueología del paisaje.

Respecto a la producción de documentos relacionados a la arqueología del paisaje en Latino América, cabe destacar como problema principal en el desarrollo de dicha disciplina; Respecto a la producción de documentos relacionados a la arqueología del paisaje en Latino América, cabe destacar como problema principal en el desarrollo de dicha disciplina, la preponderancia en las sistematizaciones espacio –temporales enmarcadas en el enfoque histórico-cultural, los cuales recaen en una concepción cartesiana de dichas dimensiones (Politis, 2003). Situación que repercute en uno de los propósitos de la arqueología del paisaje, cuya principal crítica refiere al “enunciado del espacio como producción social no constituye por sí sólo la base de una ontología del espacio” (Piazzini, 2004, p.17).

Atinente a Costa Rica, en esta nación se hallan dos trabajos de graduación enfocados en el principio que dicho movimiento promulga. Estas investigaciones refieren al análisis de un complejo arquitectónico23, infiriendo en las manifestaciones culturales ahí expresadas (Castillo-Poveda, 2014, 2015) y la indagación de la ocupación, como tránsito de la ocupación precolombina dentro de un parque nacional (Ramírez-Fernández, 2014). Además, en el artículo Paisaje y patrimonio arqueológico: Reflexiones, diálogos y posibilidades, se propone una relectura de trabajos efectuados en esta nación, desde la perspectiva del paisaje (Castillo y Peytrequín, 2014).

Discusión acerca del enfoque filosófico

Este apartado remite a una revisión respecto a la estructura política-académica en la cual se desarrolló el concepto de la corriente del paisaje y, aún más fundamental, a una reflexión en cuanto a la esencia de esa estructura (el tipo de razonamiento, en el cual se encuentra inmersa la concepción de espacio que se aplica a las investigaciones) que quebrantó dicho enunciado para proponer otra perspectiva.

Como ruptura del medioevo a la modernidad son muchas las figuras que proveyeron reflexión y conocimiento para tal fenómeno, pero uno de los más destacados es Descartes, (1955). Él vino a centralizar al ser humano como constructor de la verdad y la concepción de dualidad (alma-cuerpo); atribuyéndole un carácter mecanicista no solo a su corporalidad, sino al mundo.

Tal pensamiento desarrolló escuela; de esta fueron partícipes personajes como Voltaire, Diderot, D’Alembert, Rousseau y Kant, quienes postulaban como proyecto utópico la razón como la máxima expresión en cuanto al ideal social e individual.

Ante tal premisa, la lógica que se antepone en esta estructura de pensamiento es cartesiana o mecanicista; en ella se concibe todo lo que se encuentra ante nosotros como objetos. Una visión imparcial remite a su materialidad y favorece el ser capaz de poder entender dicho ente. Con base en estos postulados se establece la metáfora de máquina para comprender a los seres vivos y las cosas, metáfora que se refleja en el proceso investigativo de manera a priori para obtener una perspectiva funcional de cualquier objeto, segregando las características que este posea y que no encajen en dicho esquema; además de extraérsele de su medio o contexto. Lo anterior provoca que se le conciba un elemento aislado del mundo cuya validez no es relacionable con este.

La presente síntesis viene a referir no solo el tipo de resultado que se podría obtener de dicho razonamiento, si no, una predeterminación de un producto como respuesta. Tal propuesta consigna dos aspectos esenciales. En primer lugar, el concepto del ser humano y, en segundo, la ciencia que se quiera utilizar. El enlace de ambos y su interrelación participan directamente en la construcción de una realidad.

A finales del siglo XVIII se lleva a cabo una ruptura ante ese pensamiento que remitía toda valoración a la estructura (dejando de lado al individuo). Evidentemente, al priorizar una idealización de estructuras se dejaba de lado aspectos referentes al ser humano, los más subjetivos, valorativos y emocionales que causaban anomalías en la dinámica socio-cultural de determinado contexto.

En 1970 se dio la decaída de la corriente estructuralista, esto debido a su incapacidad de poder llevar la lectura de las realidades sociales que se daban en ese momento, entre ellas el “mayo francés”24; fenómeno que dejó notar la insuficiencia de que “las estructuras no bajan a la calle” (Roudinesco, 1994, p. 497). Esta necesidad de poder entender lo que pasaba hizo necesaria la apropiación de otra forma de ver y entender la realidad vivida.

Este hecho histórico posibilitó el emerger de un nuevo concepto del ser humano, ésta estaría dirigida por Heidegger. La misma, no remitiría a una estructura o sistema que encasillara (o determinara) a los individuos; sino al sujeto entregado a su contexto. Un ser partícipe y arrojado al mundo el cual es, a la misma vez, sujeto.

Hubo una ruptura importante que afectó diversos ámbitos. Se recalca esto porque este incidente marca la postura que va a diferenciar el concepto de paisaje y la arqueología del paisaje, la cual estará influenciada por la noción de “Dasein”25.

Dasein es un término acuñado por Heidegger, filósofo alemán del siglo XX. Con su texto denominado Ser y Tiempo (1927) se evoca una ruptura en las filosofías basadas en el conocimiento (teorías gnoseológicas); dicho concepto viene a integrar al ser humano a su contexto vivido. No se lleva a cabo la dualidad sujeto y objeto expresada por filósofos predecesores (Immanuel Kant, Friedrich Hegel, René Descartes); sino que el ser humano se encuentra arrojado al mundo; es decir, él y su medio son uno, no puede diferenciarse o abstraerse de él para definir su ser, sino que este es todo aquello con lo cual se relaciona.

El motivo por el cual este concepto aparece se basa en la reflexión acerca del cuestionamiento “¿Tenemos hoy una respuesta a la pregunta acerca de lo que propiamente queremos decir con la palabra “ente”?” (Heidegger, 1927, p. 12). Esta pregunta no arroja ninguna respuesta, por lo que, Heidegger propone retomarla por el ser. Ante tal interrogante muestra diversas opiniones (Aristóteles, Tomás de Aquino, Pascal), donde la respuesta remite a una indefinición o universalidad. donde la respuesta remite a una indefinición o universalidad que lleva a describir al ser como algo diferente a un ente; “lo único que puede inferirse es que el “ser” no es algo así como un ente” (Heidegger, 1927, p. 15).

Debido a dicha incertidumbre se debe volver a establecer la pregunta por el ser, Heidegger plantea la interrogante “¿qué es ‘ser’?”, en donde el verbo “es” muestra que ya sabemos la respuesta ante tal problema. Esta no es expresable, pero se encuentra direccionada hacia ese sentido, el sentido del ser, y remarca la diferenciación expuesta anteriormente; no catalogando al ser como los otros entes. Por lo tanto, “a este ente que somos en cada caso nosotros mismos, y que, entre otras cosas, tiene esa posibilidad de ser que es el preguntar, lo designamos con el término Dasein” (Heidegger, 1927, p. 18).

El Dasein se puede concebir como un ente que en sí tiene la conciencia de ser en su ser, se comprende (siempre) a sí mismo desde su existencia; desde una posibilidad de sí mismo: de ser sí mismo o de no serlo. “El Dasein, o bien ha escogido por sí mismo estas posibilidades, o bien ha ido a parar en ellas, o bien ha crecido en ellas desde siempre” (Heidegger, 1927, p. 23). Así como la única razón por la cual se diferencia del resto de entes –que componen una realidad– es la interrogación, este ente es parte y comprendido por los demás, es decir, no hay separación entre el ser y la realidad que le circunda, son uno solo.

Esta condición de ser el único ente capaz de preguntarse, además de diferenciarlo de los otros, le atribuye la cualidad de poder llevar a cabo un proyecto “El proyecto es la estructura existencial de ser del ámbito en que se mueve el poder ser fáctico” (Heidegger, 1927, p. 148); estructura que se considera como el conjunto de posibilidades que tiene el Dasein en llevar a cabo, es decir, la posibilidad (en el sentido del ser que existe en un ente del Dasein) de interactuar con los otros entes que conforman su realidad. Lo anterior recalca el carácter dinámico de este.

Por lo tanto, entendemos el “Dasein”, lo cual, viene a abarcar la concepción de espacio de la arqueología del paisaje, además del estado o método del investigador ante la evidencia, como un ser que se define por el todo con que este se relaciona y con lo que no, posee la capacidad de dinamizar su existencia con su continua interacción con lo que lo comprende.

La arqueología del paisaje y su establecimiento como posición teórica

Con base en la dificultad de la definición de un concepto como paisaje, y dejando de lado la ambigüedad con que fue referido en sus inicios en el ámbito académico, se ha generado una constante transformación y discusión del término en los últimos años. En la década de 1980 la arqueología del paisaje consolidó el desarrollo de investigaciones que trascendieron el propio marco del (los) asentamiento(s); esto para atender ámbitos territoriales amplios como objeto de estudio arqueológico.

La arqueología del paisaje viene a expresarse como respuesta a esa deshumanización de lo humanizado en que la academia había caído, esto respecto al estudio del ser humano y sus relaciones con el entorno. Se busca cambiar ese carácter objetivo que se le había asignado al ambiente por un conocimiento más comprensivo y reflexivo del mismo.

Esta corriente teórica toma como base la preponderancia del espacio con relación al tiempo, el comprender el conjunto de manifestaciones26 culturales llevadas a cabo en un lugar; también, se interesa por la racionalidad que de éste se desprende, antes de inferir (a priori) transformaciones en el mismo, “un cambio en el patrón de racionalidad espacial de estas sociedades, que habría implicado asimismo la emergencia de nuevas formas de conceptualización del tiempo y del espacio como correlatos básicos de las nuevas estrategias sociales de construcción del paisaje y de la realidad” (Criado, 1993a, p. 40).

Con base en la concepción filosófica de Heidegger, en cuanto al ser y su papel como ente, la arqueología del paisaje asume esa propuesta, ya que el ser humano se concibe como uno con el medio que le rodea. Consecuentemente la precepción de objetividad, referida a las manifestaciones culturales o fenómenos del mismo tipo, hace que la anterior idea del ser (como objetivado con relación a los demás objetos y no determinado a un conjunto de condiciones) pase a la de un “ser de posibilidades” (Heidegger, 1927), donde el Dasein antes que realidad, es posibilidad, es el único ente que puede cuestionarse cómo producir historia; por derivado ser consciente de su contexto (de su Dasein) y de su persona en este.

El Dasein es cada vez su posibilidad, y no la ‘tiene’ tan sólo a la manera de una propiedad que estuviera ahí. Y porque el Dasein es cada vez esencialmente su posibilidad, este ente puede en su ser ‘escogerse’, ganarse a sí mismo, puede perderse, es decir, no ganarse jamás o sólo ganarse ‘aparentemente. (Heidegger, 1927, p. 52).

Según Criado, (1993b, p. 41) para el desarrollo de esta corriente teórica se recurre al materialismo heterodoxo, o un materialismo no ligado a un dogmatismo o congruencia universal; sino crítico-reflexivo; “Asumida como la idea de una radical pluralidad, no sometida a una legalidad universal. Es la idea misma de Universo, de Cosmos en cuanto totalidad omnicomprensiva ordenada, que la idea de Materia cuestiona: por eso es crítica” (Peña, 1974, p. 2). Lo anterior tiene como base las siguientes cinco ideas:

-La realidad se produce a través del trabajo humano. “El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre [sic], proceso en que éste [sic])realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza” (Marx, 1867, p. 215); argumento que resalta la relación entre el ser humano y la naturaleza en un sentido material. Esto viene a retomar la noción de proyecto de vida expuesto por Heidegger, donde la interacción llevada a cabo por el Dasein (denominada proyecto de vida) señala la capacidad de este de interactuar con su contexto. Acá coincide la idea de realidad y surge la interrogante de, en qué modo es percibida o abarcada la misma.

-Todo lo real está cruzado por una unidad material fundamental. Lo que implica que entre todos los segmentos de la realidad existen relaciones de interdeterminación. Por ejemplo, “los hechos humanos no están instalados en la plenitud de la razón, sino que son arbitrarios y no evidentes” (Farés, 2003, p. 215); enunciado que expresa la materialidad o proyecto de vida mencionado y retoma aspectos que –necesariamente- no son de índole física, pero se encuentran inmersos en la construcción de la expresión de la existencia. Esta última abarcará más aspectos que envuelven una realidad.

-La realidad la constituye el ser humano con su trabajo. No implica que está sujeta a un estado material, sino que ostenta las posibilidades de ser un producto (Aristóteles) ideal o imaginario (Godelier, 1989); “o principios racionales de origen divino” (estoicos) (Balmes, 1810-1848). Ello expresando una diversificación de elementos que componen un contexto, rompiendo el esquema que lo determinaba a aspectos sólo físicos.

- Lo ideal es la condición infraestructural básica de lo material.

- El pensamiento mágico no es un comienzo, un esbozo, una iniciación, la parte de un todo que todavía no se ha realizado. Forma un sistema bien articulado, independiente, en relación con esto, de ese otro sistema que constituirá la ciencia, salvo analogía formal que las emparienta y que hace del primero una suerte de expresión metafórica de la segunda (Levi-Strauss, 1975, p. 30).

Esta idea viene a referir el cómo cualquier expresión humana no material o física, está impregnada de una serie de evidencias que permite abarcar posibles pensamientos, sentimientos o algún otro tipo de emanación de existencia. Esta premisa es reflejada en lo expuesto por (Heidegger, 1958) en su trabajo Arte y poesía en el cual analiza la obra Un par de zapatos de Vincent Van Gogh, mediante una descripción densa de todas las características observables en dicha pintura; De las mismas infiere un entorno social desgastado, empobrecido y dicho calzado simboliza un paisaje acorde a esa realidad27.

De tal manera se construye un contexto histórico (las condiciones de uso que llevaron a los zapatos a su apariencia actual), social (las circunstancias socio-culturales que corresponden al entorno del calzado utilizado) y sentimental (la correlación entre el vivir en determinados contextos y sus repercusiones materiales) de una expresión pictórica “En la boca oscura del gastado interior bosteza la fatiga de los pasos laboriosos. En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha a través de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada” (Heidegger, 1958, p. 60).

Entre los diferentes códigos de una cultura existen relaciones de compatibilidad estructural que, en última instancia, deberían permitir que unos se pudiesen estudiar desde otros. “En realidad, la naturaleza de los hechos que estudiamos nos incita a distinguir, dentro de ellos, entre lo que corresponde a la estructura y lo que pertenece al acontecimiento” (Levi-Strauss, 1973, p. 34).

Todo elemento existente posee un conjunto de asociaciones con un todo. Expresión que viene a relacionarse al concepto de Dasein o deconstrucción de (Derrida, 1967). Interpretación que da a colación como un todo que está conformado por partes y cada parte es necesaria para ese todo; por lo cual es ineludible comprenderlas para tener la idea de lo buscado.

En el caso de la arqueología, y tomando como base una tumba, podemos ver diferencias en ubicación (cercanía y lejanía de un punto, contexto que le rodea), tipo de estructura (materia, técnica constructiva, modelo arquitectónico, expresiones gráficas, estado (conservada o no, entre otras variantes), material encontrado dentro y fuera de estas; evidencias que no solo referirían a aspectos físicos, sino que permitiría o emitirían otro tipo de significados (respeto, miedo, preponderancia, subyugación, amor, entre otros) dependiendo de la conjugación de las evidencias.

Con base a estos postulados, se plantea el poder cumplir el fin de la arqueología del paisaje. Así, estableciendo la relación entre el registro arqueológico y el paisaje se “buscará la reconstrucción arqueológica de las formas del paisaje, establecer correspondencia entre los mecanismos de representación de la realidad, estrategias de construcción del espacio y formas sociales concretas” (Gianiotti, 2005, p. 1).

Según Criado, la filosofía de Heidegger queda excluida del tratamiento en cuanto la comprensión del ser, “a través de Heidegger el sujeto no solo existe en el tiempo, sino que sobre todo es en sí tiempo” (Criado, 1988a, p. 16). Se propone que la lectura que realiza Criado es demasiado apresurada; ya que Heidegger postula una entificación del ser con el fin de que éste sea uno con la relación a su medio.

Con dicha propuesta, no se objetiviza el ser ni sus manifestaciones, se entifica; lo que involucra no sólo una visión de objeto a éste, sino de un todo con su entorno. Esta concepción filosófica es acorde con lo que propone Criado referente a este marco teórico; la arqueología del paisaje:

Esta teoría unitaria, en definitiva, tendría que rastrear, en la relación entre las diferentes entidades (o individuos) de una misma escala o entre las diversas escalas de un mismo grupo, el efecto de las bases infraestructurales, de las dinámicas sociales, de las fuerzas del pensamiento, el intercambio, tal vez ininteligible para nosotros, entre la imaginación y la materia, entre la cultura y la sociedad, entre la palabra y la cosa, (Criado, 1988b, p. 69).

De esta manera se plantea, según (Criado, 1999, p. 6), la arqueología del paisaje es una “estrategia de investigación que comprende el estudio de todos los procesos sociales e históricos en su dimensión espacial o, mejor, que pretende construir e interpretar los paisajes arqueológicos a partir de los objetos que los concretan”. Además, busca un acercamiento de ese ser “Dasein” en el mundo, el cual es identificado e identifica el conjunto material de un espacio determinado.

La arqueología del paisaje retoma la propuesta efectuada por Vidal de la Blanche, la cual tiene el objetivo de humanizar la construcción e implementación del discurso científico; esto con el fin de generar un vínculo entre lo estudiado y las personas que conviven con lo mismo.

Dicho movimiento no fue popularmente recibido, además su promulgación en las academias no logró el remplazo del pensamiento al cual criticaba, sin embargo, sí consiguió fundamentar una base política (a nivel académico, de construcción del conocimiento) que proponía otra perspectiva de abordaje a lo investigado.

La teoría del paisaje ingresó a la arqueología posterior a su desarrollo en la geografía, aunque no gozó de una preponderancia en cuanto eje de investigaciones o proyecto científico aún se encuentra presente y en desarrollo, manteniendo su direccionamiento político original. En el presente trabajo no se enfatizó en tipos o aplicación de técnicas, ya que la lectura de los resultados que las mismas proporcionan recae en el método o marco teórico en que un trabajo se ubique, es por ello que se enfatizó la base y objetivo principal de la teoría del paisaje.

La arqueología del paisaje busca integrar la perspectiva humanista en el discurso científico, esta conceptualización viene a aprovechar métodos provenientes de tendencias que tengan como principio la noción de que tanto el investigador como el investigado son partícipes de un discurso construido; los resultados de dicho fenómeno no pueden inscribirse como absolutos o exentos de un contexto que los conformó y dinamiza para su constante significación.

Tomar como base la filosofía existencialista, en sí las perspectivas que ofrecen Martin Heidegger, Maurice Merleau-Ponty, Max Scheler, Alfred Schütz, Gaston Bachelard, Markus Gabriel, entre otros, colaboran con la desfragmentación de la realidad con el fin de poder interiorizarse en la misma, ser partícipe de ella y de la construcción de un significado teniendo en cuenta una mayor gama de percepciones, una mayor posibilidad de una posibilidad ante lo experimentado, así como la creación de un discurso más cercano a la sociedad.

Cabe rescatar que este enfoque da una importancia al método de abordaje, a un problema de investigación, más que a la técnica, esto debido a que se considera que el modo de hacer lectura de la evidencia repercute de una manera más significativa en el discurso resultante, que la tecnificación del abordaje en una investigación.

La arqueología del paisaje sigue con su objetivo de generar otro modo de construir un discurso científico en busca de propiciar una inmersión del investigador, como público, en el problema-trabajo cuyas repercusiones remitan al sentido de identidad del problema en general.

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1 “La deconstrucción no consiste en pasar de un concepto a otro, sino en poner en marcha atrás y desplazar un orden conceptual,

así como el orden no-conceptual con el cual éste está articulado” (Derrida, 1972, p. 27).

2 “Dirección filosófica según la cual el valor del conocimiento tiene su norma en el objeto independiente del sujeto”. (Brugger, 2005, p. 397).

3 Para una mayor profundad en el tema consultar (Murillo, 2005).

4 Este enfoque ve las culturas como configuraciones o sistemas funcionalmente integrados (Trigger, 1989, p. 276).

5 Refiere a que los trabajos en arqueología remiten a temas “puramente cronológicos, estilísticos y difusionistas” (Murillo, 2005, p.48).

6 “lugares relacionados que han sido gradualmente revelados mediante las interacciones y actividades habituales con las personas, a través de la proximidad y la afinidad que éstas han desarrollado con ciertos emplazamientos y a través de acontecimientos importantes” (Thomas, 2002, p.173).

7 Con base en los objetivos que plantean estos proyectos, los mismos pueden ubicar bajo el posicionamiento teórico denominado histórico-cultural, en el cual la secuencia básica de desarrollo cultural solo se había producido una vez, transmitiéndose a los demás territorios por difusión” (Hernando, 1987).

8 Esta abarca de los años 1994 al 2007.

9 Se entiende como el conjunto de relaciones de producción que “forma la estructura económica de la sociedad, la base sobre la que se levante la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social”. (Marx y Engels, 1989, p.7).

10 El ámbito en que se revela el ente en cuanto tal o en su ser. De esta manera, el espíritu se presenta como arquetipo del ser en cuanto este aparece como el ámbito en que se revela el ente en cuento tal, o en su ser. (Brugger, 2005. p. 405).

11 Refiere a la “teoría de la ciencia, como teoría del conocimiento de la ciencia, pregunta por su posibilidad, por sus presupuestos y sus límites, también frente a otras formas de conocimiento” (Brugger, 2005. p. 107).

12 Investigación sobre catastros romanos a lo largo de toda la geografía española. Muchos de los catastros allí recogidos (como de época romana) no tienen la morfología característica de las centuriaciones y, en realidad, no son más que repartos regulares de época medieval o moderna (Rubio, 2012, p. 2).

13 Grupo social; integrantes de comunidades que ya tienen una tradición y normas explícitas o tácitas que deben seguirlas si quieren ser aceptados como miembros activos de su comunidad. Estas tradiciones imponen un modo de escribir y de seleccionar modelos textuales (Garatea Grau, 2001).

“Las tradiciones discursivas son un conjunto de parámetros convencionales establecidos históricamente al interior de una comunidad lingüística, que- como modelos discursivos y textuales- guían la interacción entre los individuos, quienes les atribuyen valores y pertinencias diferentes, según las funciones pragmáticas diferentes”(Garatea Grau, 2001, p. 256).

En donde el lenguaje es un elemento de importancia en el reflejo del pensamiento y política a promover. “el pensamiento es la condición de posibilidad de que se dé el lenguaje; el concepto es causa del lenguaje en ese sentido” (Heidegger, 1927, p. 182).

14 “Estudio de la influencia que las condiciones naturales ejercen sobre la humanidad…. la naturaleza influiría en la propia constitución social, por la riqueza que proporciona, a través de los recursos del medio en que está localizada la sociedad”, ya que “el territorio representa las condiciones de trabajo y existencia de la sociedad” (Álvarez, 2000, p. 35-36).

15 Comme l’esprit humain s’enrichit de plus en plus à mesure que les chemins parcourus par l’évolution humaine sur cette terre s’allongent davantage, le progrès peut être figuré, avec une approximation suffisante par une spirale ascendante dont le rayon va de plus en plus en grandissant (Ratzel, 1900, p. 16).

16 “un sistema de ideas, de representaciones que domina el espíritu de un hombre o de un grupo social” (Althusser, 1970, p. 22.), en donde el espíritu es referido como “ser inmaterial, simple, sustancial, capaz de poseerse a sí mismo mediante la autoconciencia y la libre autodeterminación, así como también de comprender y realizar valores suprasensibles” (Brugger, 2005, p. 211).

Atinente al término de determinismo, se refiere como “modos de producción y reproducción conductuales etic determinan probabilísticamente las economías doméstica y política conductuales etic, que a su vez determinan las superestructuras conductual y mental emic” (Harris, 1982, p.142).

17 Para ahondar en la fundamentación filosófica y científica que conlleva el concepto de paisaje revisar Castillo, (2016).

18 Acá se hace referencia al profesional que se guía por dicha corriente teórica, y no solamente a la profesión.

19 Prospections aériennes. Les paysages et leur histoire.

20 “Implicitly peripheral national variation’’ but instead spoke ‘‘to a fundamental political moment in the genesis of European geography’’.(Autor).

21 L`arqueología del paesaggio sarà quindi, nelle nostre intenzione, quella disciplina che indaga i processi di transformazione dell`insediamento umano spazio nelle tempo. (Autor).

22 El término megalito procede del griego “megas” (“grande”) y “lithos” (“piedra”), es un monumento antiguo realizado con piedras de gran tamaño; fenómeno histórico que se define por la construcción de túmulos con finalidad funeraria y que tienen una cámara o estructura de piedras de gran tamaño (García, 2008).

23 Hasta el momento se desconoce de otros de esta índole en América Latina.

24 “revolución en el sistema-mundo», ya que «las realidades cultural/ideológicas de ese sistema/mundo han sido cambiadas de manera definitiva por el acontecimiento, que es él mismo la cristalización de ciertas tendencias estructurales endógenas de larga duración del sistema” (Wallerstein, 1993, p. 97).

25 Término que en alemán combina las palabras (DA= ahí, Sein= ser) DASEIN = ser ahí.

26 “acción o efecto de manifestar” (Pelayo y Gross, 1972, p. 554) en donde manifestar refiere a “dar a conocer” (Pelayo y Gross, 1972, p. 249), lo cual embarca un “proceso psíquico, accesible directamente al hombre [sic] por su conciencia” (Brugger, 2005, p. 132), la cual infiere “un saber concomitante acerca de la existencia psíquica propia y de los estados en que en un momento dado esta se encuentra” (Brugger, 2005, p. 124).

27 Otro ejemplo popular de dicho fenómeno es el expuesto por Clifford Geertz, quien infiere que las peleas de gallos es la externalización de conflictos entre familias. (Geertz, 1973).

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