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Revista Universidad en Diálogo • Vol. 7, N.°1, Enero-Junio 2017, pp. 35-50

ISSN 2215-2849 • EISSN: 2215-4752

DOI: http://dx.doi.org/10.15359/udre.7-1.2

Url: http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/dialogo/index

Correo electrónico: universidadendialogo@una.cr

Cambio de paradigma: el paso de las ciencias sociales a la investigación en arte

Change of Paradigm: From Social Sciences to

Research on Art

Norah Barranco Martos

norahbarrancomartos@gmail.com

Universidad de Jaén, España

Recibido: 30/03/2017 Aceptado: 31/05/2017

Resumen: La autora propone una reflexión sobre la importancia de englobar las capacidades subjetivas y creativas de los seres humanos en el acercamiento a la realidad social. Para ello, usando su propio bagaje personal como socióloga, nos invita a tomar conciencia de las limitaciones que el método científico impone y que puede ser trascendido a través de la Investigación Artística como modelo epistemológico modulable y que ofrece la posibilidad de aunar investigación, metodología, creatividad, objetividad, subjetividad, conocimiento e intervención en una sóla secuencia, mucho más análoga al propio ser, estar y sentir de los seres humanos.

Palabras clave: cambio de paradigama, ce las ciencias al arte, investigación artística, subjetividad, arte-sanación, kábala, empoderamiento, creatividad sanadora, transformación social, modelo epistemológico. versatil.

Abstract: The autor points at the importance of comprising the subjective and creative abilities of human beings in the approach to social reality. Using her own experience as a sociologist, she embraces us to become aware of the limitations that scientific method imposes, which can be surpassed through an artistic investigation as a modular epistemological model that offers the possibility of combining investigation, methodology, creativity, objectivity, subjectivity, knowledge and intervention in a sole sequence, much more similar to human being´s way of feeling and being.

Keywords: paradigm shift, from science to art, artistic research, subjectivity, art-healing, kabbalah, empowerment, healing creativity, social transformation, versatile epistemological model.

La obra de arte que no empieza en la emoción no es arte

Cézzane

Introducción

El presente ensayo está basado en la experiencia académica, personal y profesional de su autora, es decir, es bastante personal. De manera que –con todo el respeto– me voy a permitir autonarrarme en algunos pasajes en primera persona para facilitar el acercamiento al contenido de este trabajo. No obstante, y quizá incluso como preámbulo, me permito remitirme a las ventajas que ofrece para facilitar la empatía e identificación con la experiencia vital ajena, como fuente de emoción inagotable en el ser humano.

Cuando hablamos de experiencia laboral y académica, ineludiblemente, nos remitimos al currículum para legitimar nuestro recorrido, nuestros cambios, retos, descubrimientos, etc. Pero, con frecuencia, se nos pasa por alto darles el lugar que corresponde a los acontecimientos vitales paralelos que han motivado las emociones necesarias para que evolucionaran nuestros planteamientos, para que cambiásemos la dirección, para que encontráramos soluciones diferentes, o incluso las mismas. El caso es que el factor emocional nos acompaña de manera subjetiva en el currículum oculto vital como verdadero motor creativo (o destructivo, eso nunca se sabe) de difícil extrapolación a nuestra carta de presentación profesional. De hecho, incluso, vemos con cierto recelo a las personas que se presentan en clave emocional, etiquetándolas de poco profesionales, e incluso de débiles.

Afortunadamente existe un ámbito en el que precisamente las emociones son el auténtico eje de construcción, el pilar básico sobre el cual generar procesos de transformación, cambio y creación. Hablo de las artes. De las infinitas posibilidades que ofrecen como expresión del ser humano y que encuentran en las emociones la melodía sobre la que reconstruir la realidad en claves personales, intransferibles y únicas.

Cuando hablo de las artes no hago alusión exclusivamente a las llamadas “bellas artes”, sino a todas las disciplinas que existen (o que están por existir) y que dan cumplida función de comunicación entre lo más profundo de cada ser y su proyección al exterior a través de un “objeto artístico”, generado de manera exclusiva y única en conexión directa con la creatividad.

Las emociones, el arte, la investigación y la sanación

Son las emociones, de todo tipo, el motor que nos mueve, que nos hace humanos, lástima que debido a la presión de un rudo sistema productivo las hayamos convertido en una de las facetas menos fáciles de manejar para los seres humanos. No obstante, son infinitas las nuevas terapias, las publicaciones, los cursos, los talleres, etc. que están aflorando en numerosos ámbitos, unos más teóricos, otros más espirituales, otros más científicos. Pero que responden a una necesidad del ser humano de derribar los muros de “la máscara”, esa que no nos deja mostrarnos honestamente al mundo y que nos exige una expresión unidireccional, unívoca y útil, en la que mostrar las emociones permite realizar juicios o estereotipos que generan conflictos, internos y externos, siendo esta muestra de las emociones de difícil equilibrio al haber sido socializados para mostrarla por exceso o por defecto.

Estas terapias alcanzan a ciertos grupos poblacionales, incluso generando un lenguaje, propio y nuevo, en relación con el crecimiento personal y sobre todo con la gestión de las emociones, pero me pregunto ¿no ha sido esta una cuestión que los seres humanos históricamente hemos tenido en cuenta, es solo ahora cuando surge esa necesidad? Me temo que no. Desde el conocimiento, incluso, de las primeras poblaciones humanas en el planeta observamos un mecanismo simple y sencillo para canalizar las emociones: efectivamente son las expresiones artísticas.

Por tanto, me atrevo a decir que el arte antecede a la terapia, va unido a ella, de la mano, o por separado, porque eso depende de cada contexto y situación personal, histórica y social.

Y en este punto me gustaría plantear la siguiente cuestión: ¿Debe el arte tener intención terapéutica para que cumpla esa función sanadora? Dudo mucho que las pinturas rupestres se hicieran respondiendo a un protocolo terapéutico, pero me atrevo a decir que seguramente quienes las realizaron obtuvieron los mismos beneficios y bienestar durante su proceso creativo de los que, miles de años más tarde, siguen hablando los manuales de arte terapia. “Desde que dejamos rastro de nuestro paso por la vida, hemos demostrado que hemos practicado el arte para comprender. Lo inenarrable se nos hace asunto en forma o en idea gracias a la acción artística” (Martínez Morales, 2016).

Tuve la oportunidad de conocer un proyecto en Costa Rica denominado Vertedero Satélite, un grupo de jóvenes que llevaba a cabo una iniciativa conocida como Promoción de las Artes Literarias en el Centro Penitenciario Sandoval de Limón. El resultado de dicho taller fue la publicación de un poemario denominado Cementerio de los vivos, en él se plasmaban poemas de los privados de libertad participantes. A lo largo de los encuentros que tuve con las personas encargadas de dicho taller repetí varias veces la pregunta sobre los “objetivos terapéuticos”, pero no, no existían como tales, eso sí, no les cabía ninguna duda sobre la transformación que habían experimentado los participantes.

Silvia Guzmán y Esteban Alfaro (dos de los responsables de este proyecto con los que tuve varios encuentros) hablaban del entusiasmo, de la motivación, del encuentro entre participantes, de la magia que emanaba en el taller cuando los participantes leían sus poemas. Hablaban de poesía y vida, no de terapia, no de intencionalidad, hablaban de los efectos sanadores de la poesía. Sin duda este ejemplo, como millones de ejemplos que encontramos en el mundo, resulta significativo y metafórico como pocos: para conectar con las emociones y la libertad interior la poesía tiende un puente más allá de las rejas, sin intencionalidad terapéutica, pero sí absolutamente sanadora, al devolver la voz, las posibilidades de expresión emocional y la dignidad a los participantes en dicho proceso.

Esta introducción solo trata de anteceder una reflexión sobre el citado cambio de paradigma y lo que supone dar el lugar que les corresponde a los procesos artísticos personales en la evolución humana.

Desarrollo: Las ciencias sociales. Una reflexión emocional

El acercamiento a las comunidades humanas para su reconocimiento y análisis ha sido una constante búsqueda a lo largo de la historia. El descubrimiento de otras culturas y otras cosmovisiones como elemento de ampliación y desarticulación del restrictivo etnocentrismo (y/o eurocentrismo) ha supuesto el desmantelamiento de numerosos prejuicios y estereotipos. Las ciencias sociales en ese sentido pusieron orden y categorizaron las diferencias, validando cada una de ellas en su contexto. Sin duda el paradigma de las ciencias sociales ha permitido facilitar un conocimiento mutuo, una estructura cognitiva y una amplia gama de bondades relacionadas con el “relativismo cultural” que han permitido la pertinente constatación de cómo se vive, se está y cómo evolucionan las comunidades.

Hasta este punto las ciencias sociales se nos muestran llenas de buenas intenciones, en pos del cumplimiento de los derechos humanos. Buenas intenciones que, no obstante, adolecen de cierta ingenuidad en tanto que han tratado de mirarse en el espejo del empirismo para ser legitimadas por la comunidad científica y académica. En ese proceso de búsqueda del reconocimiento “científico”, en esa carrera por darle al conocimiento del ser humano el carácter de verdad universal, se han integrado en un sistema de conocimiento que ha olvidado cuestiones diferenciadoras fundamentales:

1. Los seres humanos no solo se diferencian por su cosmovisión, lugar de procedencia, procesos de enculturación, género, religión, idioma o cualquier otra variable que podamos contemplar. Se diferencian fundamentalmente por la gestión de sus emociones, sus miedos, sus traumas, sus alegrías y el momento histórico personal, grupal y social en el que se encuentran.

2. Las ciencias sociales han perdido credibilidad ante ellas mismas. Las capacidades predictivas, en base a exhaustivos análisis guiados por la metodología de las ciencias y las matemáticas, han resultado un fiasco ante las situaciones socioeconómicas, tanto en lo macro como en lo micro, experimentadas en este planeta en los últimos diez años. Y es que las ciencias sociales no fueron capaces de prever, por ejemplo, la inmensa dimensión de la crisis económica mundial que comenzó en el 2008, ni las reacciones del descontento generalizado que ha dado lugar al crecimiento de la ultraderecha en Europa y USA, ni el nacimiento de movimientos sociales de carácter mucho más vinculado a los derechos humanos como en España, Grecia o Italia, ni el resultado inesperado de la Primavera Árabe. No fueron capaces de anticipar el resultado del referéndum sobre el Brexit en Reino Unido, ni el NO a la firma de paz con las FARC en Colombia, ni la llegada de Trump a la Casa Blanca, por no hablar de los espectaculares errores cometidos en los resultados de las encuestas previas a las elecciones, prácticamente en todos los países en los que se han tratado de anticipar resultados electorales (el caso de España fue escandaloso), y como estos se pueden encontrar innumerables casos. ¿Qué aspectos podemos considerar determinantes en esta falta de acierto? Quizá la propia naturaleza estática de las ciencias sociales que requiere de un “empirismo dogmático” que en numerosos casos olvida los aspectos emocionales que mueven al ser humano. Cómo afecta el factor “manipulación” o “miedo” en unos comicios electorales son variables imposibles de medir, ni de prever. Cómo afectan los vínculos emocionales en las migraciones, o la solidaridad espontánea, o la capacidad creativa para reinventar la propia vida, una vez que la crisis económica ha desestructurado el sistema productivo individual. Las emociones una vez más se escapan de la investigación social, porque el ser humano puede ser categorizado para su estudio, pero sus potencialidades son imposibles de vislumbrar a menos que se tenga en cuenta su capacidad emocional y creativa.

3. El uso sesgado que se hace de la investigación social para legitimar políticas o decisiones de índole mercantilista. Los propios centros de investigaciones sociológicas (como en el caso de España) están dirigidos por el propio Gobierno, de manera que los sesgos que presentan en sus resultados en ocasiones son intencionados para manipular la opinión pública, generando con ello una desconfianza en la misma respecto a los propios métodos de investigación social.

4. El exceso de erudición que las acompaña, la propia pre-evaluación que los propios investigadores manifiestan en los contextos de las comunidades, en las que se presupone la necesidad de intervención en función de las políticas de quienes “pagan” la investigación.

Eruditos investigadores, con más que amplia formación, se han encontrado con dificultades en la investigación social, precisamente por su falta de empatía para conectar emocionalmente con los colectivos, en pos de una “objetividad” que realmente limita el verdadero conocimiento del sentir y latir de las comunidades. Obviamente no sucede en todos los casos, por suerte, pero la experiencia de conocimiento va más allá de los parámetros y categorizaciones, quizá el giro sería extremo, pero olvidarse de la impregnación necesaria para conocer realmente (esa máxima de la distancia emocional en la que tanto se insiste durante la formación académica) es tratar como objetos de estudio a los sujetos más subjetivos del planeta: los seres humanos.

No se trata de deslegitimar la importancia de las ciencias sociales a lo largo de los últimos doscientos años, gracias a ellas hemos sido capaces de aproximarnos a las comunidades y las culturas desde una perspectiva capaz de hacer comprensibles las diferencias, de resolver conflictos, de analizar y asumir las dificultades de la “globalización”, en algunos caso de “empoderar” a las personas en sus procesos de reestructuración del territorio, las relaciones y la propia vida. En este ensayo se trata de evidenciar las posibilidades en cuanto a ese empoderamiento que se han quedado atrás por tratar de hacer rígido un conocimiento que, precisamente por su naturaleza, requiere de la suficiente flexibilidad como para conectar con las verdaderas necesidades de los colectivos. Es en ese sentido en el que la investigación en arte da un paso más allá, entendiendo esta investigación como una posibilidad de conocimiento a través de las capacidades creativas de las personas. Capacidades estas que afloran de manera inesperada para dar soluciones a las problemáticas cotidianas, a los estados de ánimo y a la propia permanencia de las estructuras individuales, llevándolas más allá de los requerimientos de un sistema productivo estandarizado, que ha logrado la demolición de las culturas, los espacios de encuentro, las capacidades individuales, las cosmovisiones ancestrales y el propio “empoderamiento” personal y social.

A diferencia de la antropología, no se trata tanto de conocer la producción de información en torno a las culturas como objeto, sino del propio proceso creativo, de los movimientos emocionales y subjetivos que llevan a los seres humanos a generar nuevas actitudes, conductas y elementos a través de los propios procesos creativos.

Investigación en arte: el arte de la subjetividad

No hago nunca un cuadro como una obra de arte.

Siempre es una búsqueda, es una]constante investigación...

Siempre me oriento más a la dimensión emocional y prefiero actividades imaginativas e intuitivas.Percibo en el ambiente las sensaciones, la belleza, las emociones y siento la necesidad de mostrarlo a través de la expresión y producción artística. Siento incomodidad de desenvolverme en tareas previamente estructuradas. Pinto igual que otros escriben su autobiografía. Mis telas, acabadas o no, son las páginas de mi diario.

Pablo Picasso

Es la subjetividad de los procesos la fuente más importante de transformación personal y social, por ello la investigación en arte permite trascender el laberíntico entorno de la validación académica para aproximarse a los procesos creativos en sí mismos, solventando los límites naturales que el empirismo impone en su exceso de celo por buscar el reconocimiento científico, debilitando el conocimiento. Un conocimiento que no está pendiente del resultado, de la validación de hipótesis ni del producto final, y que se convierte en gnosis y experiencia en un mismo paso, generando en sí mismo una propia creación artística.

En ese sentido Giselda Hernández hace una analogía entre el espacio académico y la cocina que nos puede servir para adentrarnos en esta diferencia con las ciencias sociales cuando nos propone que:

la selección de los métodos y paradigmas guarda una estrecha relación con la búsqueda del conocimiento, o sea con qué conocimientos estamos buscando. Los diversos ingredientes por utilizar en las investigaciones artísticas se relacionan directamente con ellos, pues la búsqueda del conocimiento suele ser el método o el método el conocimiento (…) el plato debe presentarse con un lenguaje metafórico conceptual, y la orientación dentro del espacio de la cocina debe ser holística”. (Giselda Hernández, 2016)

Es en este último sentido en el que mi propia investigación navega, dado que cada acercamiento a nuevas experiencias creativas arroja luz sobre planteamientos que nacen a la vez que las propias preguntas. Es imposible presuponer qué proceso creativo es capaz de poner en marcha cada ser humano desde un cuestionario o una entrevista, ni tan siquiera se puede intuir cuál es el origen del mismo (si es que lo hay y no se trata de una habilidad intrínseca). Lo cierto es que cada cual es capaz de diseñar su itinerario vital, exactamente igual y en paralelo a la propia creatividad y así mismo sucede con la metodología. Todo ello partiendo de la idea de

que en la creación artística y en la investigación artística, la acción de crear utiliza simultáneamente la reflexión, el análisis crítico, la obtención de conclusiones y la acción, entendido todo ello como camino, vía para conocer como se construye el conocimiento”1. (Moreno, Valladares, Martínez, 2016: 28)

Cuando se menciona en este ensayo la investigación en arte no se trata de un arte preestablecido, ni de profesionales de las distintas disciplinas artísticas, más bien se trata de trascender ese plano economicista para ampliar la perspectiva a cualquier acto creativo que implique la puesta en marcha de una fusión con el objeto a crear y que genere estados de autoencuentro con el propio individuo, y no necesariamente con su entorno, aunque en ocasiones así suceda.

Si bien la difusión del producto artístico es una fase que nos puede parecer fundamental, en la creación en sí misma no tiene que estar implícita, de hecho el saber que algo va a ser mostrado puede limitar la propia creatividad, dado que como seres sociales tendemos a satisfacer las expectativas externas y ello puede suponer un sesgo de nuestra creación que, no obstante, también puede revelar cómo nos desarrollamos en referencia a lo social, dándonos importantes datos de nuestras limitaciones o potencialidades en función de ello.

Darse cuenta

Partiendo de la idea de que en Investigación artística el método, la experiencia, el encuentro, el conocimiento y la creación caminan de la mano, en sí misma trasciende las barreras de la ciencia para isntalarse en un permanente “darse cuenta” de lo que acontece en el terreno de la objetividad y de la subjetividad. En qué momento ese “darse cuenta” implica un elemento sanador intrinseco en las artes es imposible de definir a no ser que se haya experimentado, pero obviamente tenemos millones de ejemplos de esa experiencia en lo cotidiano, como elemento de trascendencia del propio ser humano

Para aclarar este párrafo es de gran ayuda un fragmento de una entrevista realizada a Marcia Silva, autora del proyecto fotográfico Somos como somos; en ella hablaba sobre la autoaceptación del cuerpo desnudo y citaba las declaraciones de una mujer participante en dicho proyecto: “Posar para la sesión de fotos fue aceptarme una primera vez, mirar las fotos fue aceptarme una segunda vez, enseñarlas fue aceptarme muchas veces”. Pero realmente el primer paso fue posar, la aceptación comenzó desde el primer momento, después se afianzó, pero lo importante fue ese primer encuentro creativo a través del cuerpo.

Como investigación en arte este trabajo conlleva un proceso siempre abierto al descubrimiento, difícilmente puede recogerse la inmensidad de momentos y emociones que cada participante acarreaba en el momento de su sesión, pero en este caso es la fotografía la que permite adentrarse en esa subjetividad y mostrarla. El método también cambia en cada sesión, cada persona ha tenido unas circunstancias diferentes, no hay sesiones standard, sino absolutamente libres y personales. El resultado es un producto artístico, pero el proceso es pura investigación en arte que requiere de esa flexibilidad adaptativa que genera una verdadera transformación de los protagonistas, con lo cual el empoderamiento personal va más allá de los procesos cognitivos: simplemente porque el arte en sí mismo ya es un proceso de investigación, que a su vez es acompañado, de manera en ocasiones no intencionada, de transformación personal e incluso de sanación.

Pero recuperando el hilo argumental, me gustaría identificar mi interés por este trabajo fotográfico, dado que se trata de uno de los muchos que se recogen en la tesis doctoral que da pie a este ensayo y que, en parte, se nutre de la experiencia que, gracias a una beca de la Escuela de Doctorado de la Universidad de Jaén, desarrollé en la UNA de Costa Rica en 2016. Pero este trabajo en concreto es el marco más significativo por la sencillez de su perspectiva: aceptar el cuerpo a través del cambio de paradigma sobre la belleza que tiene lugar cuando lo conviertes en arte. No puede ser más ilustrativo y claro.

Fueron muchas más las experiencias recogidas, algunas de ellas con un profundo calado en sus protagonistas, participantes y destinatarios. Sin duda alguna, la experiencia transciende el ámbito académico de la extensión universitaria de la Universidad Nacional, que es digna de mención en este trabajo no solo por sus objetivos y dimensiones, sino por la importancia en términos de empoderamiento personal y social de las personas implicadas en dicha experiencia.

Este empoderamiento personal y social a través de la danza, el teatro, la fotografía, la música, etc. no es un procedimiento de carácter académico para legitimar la inversión en estas artes, en absoluto, sino una auténtica expresión del acercamiento a la realidad del mundo académico y viceversa (quizá sea más necesario que la academia se acerque al mundo que al contrario, pero ese es otro tema). Esa simbiosis de saberes implica en sí misma un proceso de reconstrucción de realidades, aparentemente alejadas, para ofrecer la posibilidad de crear canales de comunicación entre comunidades, intracomunidades, pero sobre todo internos, en cada participante en cuanto a su empoderamiento personal a través de las artes.

El trabajo extensionista en Costa Rica tiene unas dimensiones que, vistas desde la experiencia europea, son envidiables. Hablar de las bondades de la extensión universitaria no es el objeto de este trabajo, pero mencionar las dimensiones de este no puede pasar desapercibido. Seguramente, como en todo proceso, hay cuestiones mejorables, pero las experiencias que tuve la oportunidad de recoger (en el trabajo de campo realizado entre septiembre y diciembre de 2016) me asombraron por su contundencia, por su repercusión y su belleza. De una plasticidad, implicación y cercanía que, pese a las inmensas trabas burocráticas y académicas, eran capaces de implicar en los procesos a las comunidades con las más diversas realidades y problemáticas. En ese sentido, las propuestas realizadas desde la perspectiva del “acompañamiento a través de las artes” gozan de una capacidad creativa y empática con las comunidades que hacen puro arte de las relaciones humanas. Es quizá la propia idiosincrasia “tica”, esa afectividad y ternura en el trato, lo que permite saltar las barreras burocráticas para generar en los propios procesos de trabajo auténticas joyas de la investigación en arte, una vez desposeídas del exceso de carga administrativa, que en ocasiones son el lastre que impide que los resultados sean aún más beneficiosos para todos los implicados en los proyectos extensionistas.

Investigación en arte y compatibilidad de saberes

Hay un aspecto de la investigación en arte que la diferencia sustancialmente como proceso de investigación, se trata de la posibilidad que ofrece como conector de disciplinas, de las más diversas, en sus propios procesos creativos. Lejos de limitar el conocimiento, se convierte en una caja de resonancia2 capaz de generar permanentemente nuevos conocimientos a los que se suma el factor emocional como afianzador de los mismos.

Los innumerables recursos, en apariencia incompatibles desde las ciencias sociales, que pueden hilarse desde la investigación en arte suponen para mí un campo de infinitas posibilidades que me han permitido transitar ámbitos diversos en el desarrollo de mi tesis doctoral. Afortunadamente, la Universidad de Jaén apostó por abrir ese abanico de posibilidades y permitir que en nuestros trabajos tuvieran cabida metodologías creativas y temáticas de contenido poco usual para los patrones académicos.

De ese modo, la propuesta de investigación en arte, en la que me encuentro inmersa, relaciona la capacidad de autosanación de cada ser humano a través del desarrollo de sus potencialidades creativas con el Árbol de la Vida de la Kabala y su revelador análisis personal de las potencialidades, retos, crisis y miedos de cada persona. Descubrir los dones personales a veces requiere de un profundo trabajo de autoanálisis que, en ocasiones, postergamos por la propia dinámica de las sociedades modernas. Desde el autoconocimiento que ofrece el Árbol de la Vida individual se ejerce un paralelismo entre “crear la propia vida” y “crear en sentido artístico”. Es por ello que dar la mano a estas aparentemente diferentes concepciones es una labor que implica la posibilidad no de establecer parámetros de medida, sino de realizar una observación profundamente emocional y respetuosa de los procesos individuales, en su acercamiento a las posibilidades sanadoras de cada cual como artista de sus propias obras y de su propio camino.

En el sentido puramente metodológico también se han establecido los caminos en función del “encuentro”, no de la búsqueda, una herramienta que dista de tratar de legitimar “hipótesis iniciales” y por tanto está mucho más abierta a una casuística que legitima, en cada paso, su propia naturaleza cabalística.

En esta liberadora fórmula de acercamiento a las realidades cotidianas, a través de la creatividad, transitamos casi todos los seres humanos, a no ser que las expectativas ajenas y la búsqueda de reconocimiento social y/o académico nos infrinjan normas para encajar en los paradigmas de un sistema que, tristemente, se afana en limitar a sus “engranajes epistemológicos” de recorrido circular.

Frente a ello, la espiral (casi en términos budistas) propone la expansión para que no sean repetidas, recopiadas y dogmáticamente estáticas las aportaciones, sino, más bien, para que supongan una expansión arriesgada del conocimiento humano, desligado de cualquier propósito puramente egocéntrico para trascender en su aportación al desarrollo humano. La Kabala, en ese sentido, apuesta por la creación de los propios caminos, de la unicidad y la independencia de cada ser en su proyección humana, ¿se asemeja considerablemente a la experiencia artística verdad? No obstante, en numerosas tradiciones espirituales al Creador también se le denomina el Artista (por ejemplo en la cosmovisión bribri).

Esta analogía de saberes es la que sostiene las particulares características de mi trabajo doctoral, es el propio camino el que elabora el contenido, es la sucesión de encuentros que no tienen por qué encajar en ningún concepto predeterminado. Exactamente igual que sucede en las posibilidades infinitas que cada persona, a través de su artista interior, es capaz de generar en sus procesos creativos que aglutinan infinitas variables emocionales, sociales, familiares, ambientales, circunstanciales… y que modifican la idea inicial gracias al permanente fluir de los aconteceres cotidianos que suman, enriquecen y generan una creación diferente a la que estaba prevista (afortunadamente). Es el propio latir de la vida el que está dando pie a este proceso, por tanto investigar en arte es una acción de largo recorrido, puesto que de ese latir trata su objeto de estudio.

No obstante, es fácil caer en el error de tratar de especializar saberes en función de su utilidad práctica, como si darles un carácter terapéutico desde la nomenclatura fuese una garantía de objetivos cumplidos. Más bien corren el riesgo de limitar, de cuadricular, de esquematizar y volver de nuevo al círculo que genera resultados esperados. El arte en sí mismo es sanador (ya lo decía Aristóteles cuando acuñó el término catarsis para definir a las artes como sanadoras del alma, sanando con ello al cuerpo, y desde él hasta nuestros días podemos encontrar miles de estudios y publicaciones), por tanto tratar de mercantilizarlo a través de la especialización supone una perversa tergiversación de su esencia.

Me contaba una profesora de Música, especializada en musicoterapia, que cuando le propusieron musicoterapia para aprender inglés no supo qué responder: la música ya sana en sí misma, pero además ¿dónde queda la búsqueda individual para aportar al propio aprendizaje? ¿Por qué llamarla musicoterapia si es tan sólo una de las muchas herramientas de aprendizaje? Quizá en la búsqueda y el encuentro a través de las artes se generen las inquietudes individuales que cada cual deba elegir como su bagaje personal, que, lejos de ser standard, debería ser tan diverso y rico como cada ser humano sea capaz de descubrir.

Todo ello no excluye, en absoluto, el conocimiento de la técnica, la formación y la destreza en el manejo de una herramienta. Es imprescindible conocer cómo se empieza a hacer algo para poder trabajar sobre ello, y en ese paso inicial es fundamental corregir y pulir para poder dar paso a la creación, quizá en ese aspecto la evaluación sea pertinente, pero en un paso posterior ¿se puede evaluar el arte individual con toda la carga subjetiva que se imprime en cada creación? Quizá las respuestas son personales, estas preguntas son solo una invitación a la reflexión. Difícilmente se puede evaluar una respuesta emocional en un contexto de lenguajes simbólicos en el que los códigos no responden a tendencias estéticas, sino a los avatares de la propia vida.

Pongamos como ejemplo la dificultad que conlleva tratar de evaluar la trascendencia en una persona de Isla Venado ante el descubrimiento de su propia dimensión humana a través de la danza. O la repercusión del empoderamiento de las mujeres indígenas que abrieron sus puertas a la danza creando incluso improvisados escenarios. O que se mostraron a través de la fotografía como símbolo de la necesaria visibilización su trabajo en la comunidad.

O la influencia comunitaria del Teatro de las Personas Oprimidas y su apuesta por visibilizar la necesidad de recuperar la dignidad de los seres humanos a través de un trabajo que aglutina implicación social, empoderamiento, belleza, arte y empatía. O la mejora de la calidad física de los menores con obesidad una vez que comienzan a moverse a través de la danza.

O la posibilidad de transformar a través de la expresión teatral situaciones de violencia de género. O la de descubrir nuevos espacios de libertad interior a través de la poesía o del teatro en centros de internamiento.

Podría seguir con el listado, es muy extenso porque afortunadamente hay muchas personas implicadas en este acompañamiento, pero lo que trataba de mostrar es la dificultad que entraña tratar de evaluarlas bajo los parámetros económicos, políticos o académicos. Al tratarse de transformaciones a través de las emociones, las repercusiones en la calidad de vida pertenecen a la esfera de lo íntimo, pero no por ello dejan de ser observables y valorables. Son historia viva, transformaciones personales y sociales que permiten ofrecer un legado humano y social de dimensiones no medibles en el corto plazo, pero quizá de influencia inestimable en una perspectiva más amplia. Lo cierto es que por muy elaborada que sea la entrevista, historia de vida o técnica cualitativa recoja esos resultados, es imposible conocer cómo puede haber modificado su autoestima, sus relaciones personales, su relación con la comunidad, su proyección futura, sus vidas, las de sus descendientes, incluso su propia salud física.

Así, me atrevo a afirmar que arte, emociones, transformación, sanación y evolución recorren un camino que va de lo personal a lo social. Una verdadera revolución cuya medición –tangible y objetiva– dista mucho de hacer justicia al verdadero valor intangible que entraña para los seres humanos desde tiempos remotos. Son por tanto los procesos de creación individual los únicos elementos transformadores que, al margen del producto creado, transitan ámbitos inexplorados dentro de cada ser humano. Quizá sea esa la razón por la que solo la investigación en arte puede adentrarse en esa intrincada unión entre arte y sanación, sin deslegitimar los criterios de evaluación terapéuticos, pero ampliando y descentralizando el proceso sanador para ofrecer una visión holística y libre, una oportunidad de reinvención continua, un cambio cuántico en cuanto a la finalidad de los procesos que centre la atención en los aspectos más sutiles y que, teniendo en cuenta las infinitas posibilidades personales, quede abierta al futuro basándose en la confianza del proceso.

Tuve la inmensa suerte de contar como enlace en Costa Rica con Pamela Jiménez, coordinadora del proyecto Conexiones de la UNA, que en numerosas ocasiones algunos de los objetivos que se obtienen son inesperados cuando se experimentan a través de la danza, y también que algunos de los esperados no se ajustan a la realidad. Y es que las artes están vivas, son mutables, cambian en cada contexto y en cada momento particular de cada persona por estar sujetas a la emoción. Es precisamente ese estar vivas, esa impredecibilidad, esa oportunidad de revisión constante, lo que realmente permite reconectar los procesos individuales aunando entusiasmo, “mindfulness creativo”, receptividad y comunicación. Difícil resulta, por tanto, evaluar las emociones y transformaciones que suscita semejante explosión de vida interior si no es a través de la flexibilidad, de la atención al proceso y a las emociones personales captadas a través de la creación. Es por ello que considero que quizá sea la investigación en arte la que mejor recorre en paralelo ese camino.

Conclusiones

Lejos de tratar de adentrarse en la extensa controversia en torno al arte, se plantea una búsqueda de respuestas que se mueven alrededor de las posibilidades sanadoras y de empoderamiento que las artes aportan a nivel individual. Una búsqueda que solo cada ser humano puede hacer a través de la puesta en marcha de sus mecanismos y aprendizajes, pero que a lo largo de la historia se ha visto legitimada en todos los procesos de transformación social y personal.

Es por ello que quizá las artes deberían dejar de pedir permiso por no entrar en los catálogos estandarizados en búsqueda de “cientificidad”, más bien deberían ser tomadas como ejemplo de evolución y de búsqueda personal, de alivio y bienestar, e incluso de reivindicación en todos los ámbitos, ya no solo por su trascendencia, sino por su capacidad de sanación en sí mismas.

Esta apología de la investigación en arte no trata de deslegitimar otros paradigmas de conocimiento, ni a las ciencias sociales, ni empíricas, no, no se trata de eso. Tan solo trata de poner sobre el tablero la necesidad de empoderamiento de los procesos creativos que, al fin y al cabo, han permitido reconstruir la historia universal y las historias cotidianas que nos permiten seguir evolucionando como género humano.

Referencias

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1 Reflexiones sobre Educación artística e identificación educativa basada en las artes. Varios Autores. Editorial Síntesis. Madrid, 2016.

2 Caja de resonancia en el sentido de amplificar la repercusión de los procesos, por efecto de contagio y por la propia visibilización de las creaciones. En ese sentido, encontramos un ejemplo en la exposición de fotografía Mujeres en rosa. Sobrevivientes de cáncer mama. Asociación AMURO. Fotografías de Marcia Silva Pereira.


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