La fugitiva
letras

Revista Letras

EISSN: 2215-4094

Número 62 Julio-diciembre 2017

Páginas de la 73 a la 89 del documento impreso

Recibido: 16/5/2017 • Aceptado: 31/7/2017

URL: www.revistas.una.ac.cr/index.php/letras



La fugitiva. Libertad personal, exilio e indiferencia

(La fugitiva: Personal Liberty, Exile and Indifference)

José Ángel Vargas Vargas1

Universidad de Costa Rica

Resumen

Se analiza la novela La fugitiva, de Sergio Ramírez Mercado, para determinar cómo se ficcionaliza la vida de Yolanda Oreamuno. Se examinan tres tópicos: la libertad personal, el exilio y la indiferencia. Se explora la elaboración metafórica del personaje Amanda Solano mediante el concepto de libertad personal que se asocia al exilio. Sobre éste, se estudian las particularidades subjetivas y contextuales que lo generan. Por último, se aborda el tema de la indiferencia, asociada al poder y al modo como en Costa Rica se percibe y valora la cultura.

Abstract

The novel La fugitive, by Sergio Ramírez-Mercado, is analyzed to determine how this author fictionalizes the life of Yolanda Oreamuno. Three main topics are examined: personal freedom, exile, and indifference. The metaphorical elaboration of the character Amanda Solano is explored, focusing on the concept of personal freedom, as associated with exile. Furthermore, the subjective and contextual peculiarities that generate it are studied. Finally, we address the issue of indifference, related to power and how Costa Rica perceives and values culture.

Palabras clave: literatura centroamericana, literatura nicaragüense, novela histórica, biografía ficcionalizada

Keywords: Central American literature, Nicaraguan literature, historical novel, fictionalized biography

Introducción

En entrevista personal con Sergio Ramírez en 1999, en Madrid, el escritor anunció su proyecto de escribir una novela sobre la costarricense Yolanda Oreamuno y convertirla en un personaje literario, porque su vida le había resultado muy interesante y conflictiva, tanto desde la perspectiva personal, como en su relación con el medio cultural costarricense y latinoamericano. Desde entonces, Ramírez ha publicado Sombras nada más, Mil y una muertes, El cielo llora por mí, La fugitiva y Sara2. Con La fugitiva, el autor realizó su proyecto y generó diferentes reacciones por parte de la crítica.

Conviene destacar que Sergio Ramírez es, hoy día, uno de los pocos escritores latinoamericanos que ha tenido una amplia trayectoria como narrador y se considera uno de los principales representantes de la llamada novela centroamericana contemporánea, aquella publicada a partir de la década de 1970. Se caracteriza por tratar múltiples realidades, con amplia conciencia de lo que representa el ejercicio de la escritura y los diferentes modos de ficcionalizar la realidad, superando de manera contundente los esquemas asociativos (de carácter mecanicista) con los contextos sociopolíticos centroamericanos, relacionados con la guerra y con las condiciones de desigualdad y pobreza, características de los países del istmo que se hallaban en conflictos bélicos. Constituye en un tipo de literatura que, sin dejar de ser centroamericana, rebasa los códigos tradicionales del realismo y del regionalismo, además de adquirir una visión humana y universal3.

Los autores de la novela contemporánea abordan la realidad de forma plural y exploran, mediante diferentes formas retóricas, las complejas voces que se incorporan, como por ejemplo, la de guerrilleros, soldados, agricultores, homosexuales, dictadores, niños y mujeres. Esas voces no solo se presentan desde un punto de vista superficial o relacionado únicamente con condiciones de vida externas, ya que uno de los principales méritos de los narradores es incorporar la subjetividad en tanto eje articulador de los acontecimientos de la vida cotidiana, los cuales son asumidos desde el mundo interior, procurando evidenciar las convicciones y frustraciones del individuo.

Además, esta elaboración discursiva ha estado articulada con tres aspectos esenciales: la ficcionalización de la historia, la incorporación de la voz femenina y el desencanto ante la realidad. Tales aspectos los analizo en La novela centroamericana contemporánea. La obra de Sergio Ramírez Mercado4, en el que se señala que esa tríada plantea miradas críticas hacia el pasado, permiten cuestionar las formas de exclusión presentes en las sociedades y posibilitan una evaluación de la realidad inmediata en la que desaparecen los grandes proyectos y las utopías de una sociedad solidaria. Afloran en diversas formas del poder político y económico, los cuales terminan siendo subvertidos en el proceso de escritura.

En este contexto se analiza La fugitiva, como novela que posee un movimiento ambivalente entre la biografía y la historia, en el que también aparecen y se ficcionalizan otros personajes femeninos de la historia costarricense. De este modo, al mismo tiempo que la novela efectúa una amplia indagación de la subjetividad del personaje protagonista, examina la historia costarricense, sus mitos y el sistema moral predominante en las primeras décadas del siglo veinte, como lo ha expuesto Ernesto Ayala:

… tenemos una especie de palimpsesto narrativo. Accedemos a la tortuosa existencia de Amanda Solano. A sus discrepancias con el sistema moral de la Costa Rica de la primera mitad del xx. A sus fracasos sentimentales y a su consagración a la escritura novelística y ensayística, a su admiración por Marcel Proust y los modernistas anglosajones. Y de esta manera accedemos a su vez a la realidad vital e intelectual de la verdadera Yolanda Oreamuno5.

Así se infiere que la vida de Yolanda Oreamuno constituye el principal realema a partir del cual se puede acceder a su mundo interior y a su capacidad de respuesta ante los códigos que determinaron su vida, los cuales surgen relacionados con la libertad personal, el exilio y la indiferencia. Ramírez utiliza la vida de Oreamuno como modelo para crear el personaje literario Amanda Solano, de tal forma que se produce una relación dialéctica entre la persona de carne y hueso, y el personaje de ficción que termina siendo una elaboración metafórica del primero, así como de sus condiciones de existencia.

A modo de aproximación teórica, se parte de que la biografía6 es un género ambiguo en el que el escritor. Por un lado, mantiene la intencionalidad de ser fiel al personaje biografiado narrando, con diferentes técnicas y detalle, su cronología, su realidad cotidiana, familiar y social; por otro, puede abordarlo desde el mundo interior generando espacios imaginativos que le permiten construir una imagen verosímil de su vida, en un determinado contexto sociocultural. En un plano formal, y de acuerdo con Philippe Lejeune7, existen tres tipos de biografía: la homodiegética, que es narrada en primera persona; la que se agrega al modelo y se narra en segunda persona y la heterodiegética, que emplea la tercera persona para referirse al sujeto biografiado.

Esta concepción de la biografía y la ubicación de la persona biografiada en un contexto específico, propicia las condiciones para establecer un diálogo con la sociedad y, por lo tanto, con el imaginario en el que ha transcurrido su vida. Ese imaginario se vincula con la construcción de un sentido identitario mediante el uso de códigos preestablecidos para uniformar y homogeneizar la sociedad, de modo que la ciudadanía se siente interpelada e incluida en ella, ya sea consciente o inconscientemente8.

El imaginario de una sociedad es un proceso discursivo en el que se representan diversas realidades, las cuales adquieren una dimensión simbólica que estructura el pensamiento humano mediante una lógica integradora9 orientada a conformar un sentido de identidad aglutinante de los diferentes fragmentos de una sociedad. De acuerdo con Rodríguez10 las significaciones imaginarias otorgan un sentido a la existencia social, y se ubican en una continuidad histórica donde las regulaciones institucionales operan de manera determinante y responden a las interrogantes que cada sociedad o grupo se hace respecto de su identidad, tales como ¿quiénes somos en un determinado contexto?, ¿qué nos distingue a la hora de relacionarnos con los otros?, ¿cuál es nuestro proyecto de sociedad?, ¿qué lugar ocupamos en el mundo y cuál es nuestra singularidad en un contexto histórico particular?

La libertad personal

El mundo que vive Amanda Solano está regido por normas y jerarquías características de los códigos de una cultura dominante y asociadas al concepto de país, al machismo y a la familia, en términos tradicionales. Su reacción ante ellos, como formas de poder, adquiere una singularidad que la muestra como un sujeto diferente, con una voz propia y de ruptura con el orden vigente. De ahí que su libertad personal se puede observar en tres dimensiones: sociopolítica, literaria y cultural, familiar y amorosa. Desde una dimensión sociopolítica, Amanda creó una posición crítica ante la realidad costarricense y los grupos políticos dominantes que pretendían formar una imagen artificiosa de la realidad costarricense y con ello favorecer los intereses de quienes estaban en las esferas del poder. Fiel a sus aprendizajes en la escuela y en el colegio, se comprometió con las luchas sociales y renegó de quienes ostentaban el poder solo por intereses individuales sin pensar en el bienestar colectivo.

Amanda procura erigirse en su propia personalidad, y aunque no para ser reconocida en función de ningún otro actante. Así lo manifiesta cuando expresa que quiere ser Amanda Solano en toda su plenitud. No acepta un reconocimiento o valoración por ser la esposa de otra persona, por más dinero y fama que esta tuviera, tal es el caso del artista Nicanor Zavaleta, con quien Amanda mantuvo una relación sentimental11.

Desde una dimensión literaria y artística, Amanda significó una dura crítica a quienes pregonaban tener fama solo por pertenecer a la clase dominante o por participar en grupos privilegiados. Ella se refería a la falta de verdaderos literatos y críticos, y también al hecho de que son muy pocos los que verdaderamente leían en Costa Rica, porque «los libros le estorban la digestión a mucha gente»12. También le incomoda la actitud en muchos de atribuirse fama y pretender que sus obras fueran alabadas. Por el contrario, no le importaba ser seguidora de nadie, sino regirse por sus valores y convicciones. Es el personaje Gloria quien logra sintetizar la posición de Amanda de la siguiente manera:

Ella escribió entonces un artículo en el Diario de Costa Rica donde decía que el ‘fulano nacional’ no era más que un asunto de mediocridad, como si los grandes artistas solo pudieran tener en estas tierras hijos bastardos, que eso era lo mismo decir de Costa Rica “la Suiza centroamericana” porque siempre estábamos imitando y nos estábamos comparando; que ella era Amanda Solano, y punto13.

En su búsqueda de independencia y libertad personal, se refiere al imaginario costarricense, construido discursivamente sobre la base de la comparación de Costa Rica con otras naciones centroamericanas, que a criterio de Amanda solo produce imitación y mediocridad. Ella, al igual que el país, requiere capacidad de actuar y de definirse por sí misma, y no en función de los otros, porque ello la enajena.

Esa libertad en diversas facetas de su vida adquiere sentido al referirse a su vida sentimental, familiar y afectiva. La reafirmación de su libertad la muestra incluso como incapaz de ejercer su función esencial de madre: «No, no servía como madre. Un hijo la hacía sentirse con las alas recortadas, porque la ambición constante de su vida era volar y necesitaba cielo abierto»14. Véase como sus ansias de libertad se sobreponen a los roles que tradicionalmente se asignan en la familia.

La construcción del tema de la libertad Ramírez la extrae del referente biográfico de Yolanda Oreamuno, y además la elabora a partir de la evocación intertextual de la obra En busca del tiempo perdido (obra en siete volúmenes, publicada entre 1913 y 1927) de Marcel Proust, y de manera específica, de los volúmenes cinco (La prisionera) y seis (La fugitiva). De este último, toma incluso el título de su novela.

Esta referencia a la obra de Proust está vinculada al tema sentimental, y supone un abordaje del machismo y de la dominación de un sujeto sobre otro. En La prisionera Proust muestra el conflicto del protagonista en relación con el amor y los celos que siente por Albertina. Admite amarla, pero vive un conflicto interno porque en sus múltiples encuentros, y en sus reflexiones propias, también expresa no quererla, pese a que la necesita. Sus celos transformados en tormento lo llevan a tratar de esconderla de todo el mundo15 y de hacerla su prisionera. Sospecha que ella tiene otros amantes y que también podría ser lesbiana, pero ante la nebulosa que lo invade, no es capaz de comprenderla. Albertina asume su voz particular y en múltiples ocasiones le genera dudas y temores, porque lo aterroriza al punto de comunicarle con claridad que él no es su amor. Este hecho lo consume en un mar de incertidumbres que lo lleva a reflexionar si ella ha tenido amores con otros hombres o mujeres. Y en las páginas finales de la novela, mira lo actuado y trata de alcanzar una conclusión de cómo y cuál ha sido su relación con Albertina:

Y me daba cuenta que Albertina no era para mí (pues si su cuerpo estaba en el poder del mío, su pensamiento escapaba al dominio de mi pensamiento) la maravillosa cautiva con la que había creído enriquecer mi morada, sin dejar de ocultar perfectamente su presencia incluso a los que iban a verme y no la sospechaban al final del pasillo en el cuarto vecino, como aquel personaje que la princesa de China tenía encerrado en una botella sin que nadie lo supiese; invitándome apremiante, cruel e ineludible, a la búsqueda del pasado, era más bien como una gran diosa del Tiempo16.

Esta realidad ficcionalizada en Proust, inspiró a Yolanda Oreamuno en su vida personal y en su condición de escritora. Ramírez logra esta interesante síntesis en la que el personaje real, Yolanda Oreamuno, se confunde con los personajes ficticios Amanda Solano y Albertina. Ahora bien, en el volumen 6 de En busca del tiempo perdido, denominado La fugitiva, Proust explora el tema de amor y la condición de Albertina como mujer que ha pretendido siempre su libertad personal. Por eso la novela empieza con la frase demoledora para el narrador «¡Mademoiselle Albertina se ha marchado!»17 y lo que reafirma esa libertad es la decisión de Albertina de separarse como lo explica en su carta dirigida al narrador:

Perdóname, querido amigo, que no me haya atrevido a decirte de viva voz las pocas palabras que te voy a escribir; pero soy tan cobarde, he tenido siempre tanto miedo delante de ti, que, por mucho que me esforcé, no tuve el valor de hacerlo. Lo que quería decirte es esto: es imposible que sigamos viviendo juntos; tú mismo has visto por tu algarada de la otra noche que algo había cambiado en nuestras relaciones. Lo que esa vez pudo arreglarse resultaría irreparable dentro de unos días. Así que, ya que hemos tenido la suerte de reconciliarnos, es mejor que nos separemos como buenos amigos; por eso, querido, te mando estas letras, y te ruego que seas bueno y me perdones si te doy un poco de pena, pensando en lo inmensa que será la mía. Grandote mío, no quiero llegar a ser tu enemiga, bastante duro me será llegar a serte poco a poco, y bien pronto, indiferente. Así que, como mi decisión es irrevocable, antes de mandarte esta carta por Francisca le habré pedido mis baúles. Te dejo lo mejor de mí misma. Albertina18.

En esta carta, Albertina descubre sus sentimientos y, a pesar de la cercanía que ha tenido con el narrador y de las atenciones de este, se convence que no puede vivir defendiéndolo y que ella debe ser independiente. Esta decisión también representa una ruptura y el inicio de un camino en el que podrá volar con sus propias alas, con las dificultades y placeres que le generen sus actos.

En este contexto, Amanda encarna un espíritu de transgresión y de libertad personal, y potencia su aspiración a una vida sin las ataduras de la cultura y de la historia dominante. Esa libertad que caracteriza a Amanda, al igual que a Yolanda Oreamuno (en el plano biográfico), la hizo diferente y se convirtió en su principal pecado, ya que desafiar el orden establecido en el ámbito político, social y cultural le implicó el exilio y el sometimiento a la indiferencia nacional. Amanda realizó esa ruptura con esquemas o códigos estereotipados, sin ningún temor, pero sobre todo con la convicción de que no quería ser igual a los demás costarricenses, que se acomodan a las circunstancias para evitar problemas; procuró sobresalir de manera individual para no ser coro o nadar como los perros, para no afrontar las normas19.

El exilio como respuesta y como búsqueda

Según Jacinta Escudos, el exilio es un viaje no deseado, con aristas muy particulares que conllevan la llegada a un espacio diferente, en el que no se puede vivir a satisfacción e incluso la muerte puede estarle «pellizcando los talones» al sujeto exiliado, porque «exiliarse es intentar salvar la vida de las fuerzas oscuras»20. Esta posición es más radical y compleja que el denominado exilio psicológico, en el que según Chen, se produce una nostalgia hacia el país que la persona se ha visto obligada a abandonar por razones políticas, económicas, ideológicas o culturales21.

Ante la mediocridad nacional y la carencia de reconocimiento y respeto a las ideas de las personas, y sobre todo ante las imposiciones de los poderes asentados en aspectos materiales, Amanda se aleja de esa categoría artificiosa llamada patria y de un mundo que no le satisface sus expectativas. En definitiva, se retira de un mundo estéril donde no se cultiva el espíritu ni la creatividad. Por ello, optó por el exilio. En su caso específico, el exilio reviste características específicas en la medida que responde a sus principios, pero también a su insatisfacción con el medio cultural costarricense y con la forma en que era tratada, principalmente por el desconocimiento a sus aportes literarios y culturales. Es producto de su rechazo al medio en el que transcurría su vida personal y literaria, como lo evidencia la novela, al reescribir las experiencias de Oreamuno, quien le manifestó a Joaquín García Monge su rechazo a la denigración de que fue objeto en Costa Rica y que la condujo a buscar algún tipo de reconocimiento en otro espacio:

Quiero que si algo de valor hago yo en el ramo literario, mi trabajo pertenezca a Guatemala, donde he tenido estímulo y afecto, y no a Costa Rica donde, fuera de usted, todo el mundo se ha dedicado a denigrarme, odiarme y ponerme obstáculos. Deseo que nunca se me incluya en nada que tenga que ver con Costa Rica y que mi nombre no figure en ninguna lista de escritores ticos, porque mi trabajo y yo pertenecemos a Guatemala22.

El exilio de Amanda responde a sus proyectos personales y literarios, y a una marcada ruptura con su mundo originario, del cual resulta expulsada. En la reacción a un imaginario que tiende a homogenizar las personas y la sociedad. Además, Ramírez efectúa un planteamiento amplio en cuanto al exilio y le confiere un carácter más actual, mediante el que expone la vida conflictiva de un personaje y logra trascender la nostalgia como elemento psicológico para afianzar un sentido filosófico del exilio, en la medida que este representa una nueva búsqueda y un corte definitivo con todo lugar anterior, sea físico o temporal. En esta dirección, el exilio construido por Ramírez adquiere un sentido filosófico en la medida que el sujeto es expulsado de un lugar o decide por su cuenta alejarse de él sin que necesariamente tenga claridad de adónde llegará y cuál será su capacidad de interactuar en ese nuevo espacio.

Ante las nociones de nostalgia y culpa que presentan en sus obras algunos centroamericanos como Virgilio Mora y Rima de Vallbona23, Sergio Ramírez relaciona el exilio de Amanda Solano con una fortaleza interior que permite la rebelión ante el imaginario costarricense. Por ello, en varias de las situaciones que se dan en la novela, puede hablarse más de autoexilio que de exilio, porque son sus propios valores los que la llevan a tomar la decisión de abandonar el país.

En el contexto centroamericano, el caso de Yolanda Oreamuno no es único y se suma a una cantidad de autores y artistas conminados al exilio, ya que las condiciones históricas, culturales y políticas actúan de manera abrumadora, como lo explica Jacinta Escudos, para quien «la frialdad y el distorsionador espejo de la distancia» se constituyen en dos de los principales mecanismos desde los cuales se miran los espacios que han abandonado. Para ella, el exilio, aparte del impacto en la subjetividad, ha sido un factor fundamental para la generación de una producción literaria de gran valor para las letras centroamericanas:

¿Qué sería de la literatura centroamericana, cuáles serían sus limitaciones actuales, de no haber sido por los pioneros escritores que se atrevieron o se vieron obligados a dejar su tierra y ejercer su oficio literario en otras fronteras? ¿Hubiera variado radicalmente el rumbo del modernismo si Rubén Darío no hubiera vivido en Europa? ¿Podríamos imaginarnos una literatura guatemalteca sin las influencias europeas y mexicanas y sin, curiosamente, la reafirmación de lo nacional guatemalteco, sin los éxitos y viajes de Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Mario Monteforte Toledo y Augusto Monterroso? ¿Qué sería de la obra de Roque Dalton sin «Taberna y otros lugares» o el testimonio de Miguel Mármol, ambos libros concebidos y trabajados durante sus estancias en Praga, Cuba y México? ¿Será que Joaquín Gutiérrez, en su estadía chilena, vio con claridad lo que inspiró la mayor parte de su obra, evocaciones inequívocas del Caribe y el ser costarricense? ¿Contribuyeron los exilios mexicanos de Eunice Odio y Yolanda Oreamuno a contactarlas con el exilio interior y a arrancar del silencio algunos de los versos más intensos que se han escrito en nuestra región?24.

La indiferencia

Una de las causas por las que Amanda Solano prefiere el exilio o el autoexilio fue la falta de valoración de su trabajo artístico e intelectual. Tuvo más peso la indiferencia de la que fue objeto, porque ante el hecho de que su persona y su obra sobresalieran notablemente, muchos costarricenses reaccionaron con una negación, porque para ellos todo lo que resultara extraño o amenazante, había que ignorarlo y someterlo al filtro de la indiferencia. A propósito, en su ensayo «El ambiente tico y los mitos tropicales», publicado en 1939, Yolanda Oreamuno insistió en que Costa Rica se caracterizaba por la ausencia de espíritu de lucha, pero sobre todo por la deliberada indiferencia hacia cualquier peligroso valor que atentara contra el quietismo nacional:

Dos son los cargos que con caracteres de enfermedad nacional, sí merecen un estudio serio: la ausencia casi absoluta de espíritu de lucha, y la deliberada ignorancia hacia cualquier peligroso valor que en un momento dado conmueva o pueda conmover nuestro quietismo25.

Oreamuno hace una dura crítica a ciertos mitos que enmascaran al ser costarricense. Entre ellos se refiere a las mujeres bellas, a la democracia perfecta y al ambiente paradisiaco. Ella misma apunta que estos mitos ocultan múltiples realidades concretas, como las permanentes lluvias, la diversidad cultural y las serruchadas de piso para quienes con talento, trabajo y méritos logran descollar. Denuncia con ello, que estos mitos encubren el estatismo nacional y actúan como factores que imposibilitan el progreso.

Amanda experimentó esa indiferencia a lo largo de su vida, incluso en el mismo México, donde no logró liberarse de ella y más bien se le agudizó, como lo explica Rima de Vallbona: «Al final muere sola, lejos de su patria. Su tumba en México fue la imagen de la desolación, mísero pedazo de tierra, ¡cómo la amó ella! con un número, 7-363, ni siquiera su nombre ni las simbólicas iniciales de «YO» con que solía firmar26.

Vallbona señala la situación conflictiva que vivió Yolanda Oreamuno al encontrar en Costa Rica un ambiente desfavorable e indiferente, porque en el ámbito privado había muchas críticas, pero en el público, lo que prevalecía era el silencio. Ni tan siquiera hablaban mal de sus obras. Ella recalca que para Yolanda Oreamuno fue doloroso enfrentarse a esa «Costa Rica indiferente» y que, además, su condición de escritora la hizo más víctima de la indiferencia nacional: «Entregarse a esa vocación totalmente y saberse excluido, eliminado del propio campo profesional por el silencio o por hábiles subterfugios, o por denigración de la propia persona y obra —obra hecha con fibras medulares del espíritu— es probar la pulpa más amarga del fracaso, es agonizar en el vacío, es naufragar en el horror del absurdo y la nada»27.

Ramírez actualiza en su novela esta indiferencia nacional con quienes se destacan, y también hacia el arte y la cultura, y la hace evidencia con la repatriación de los restos de Amanda, en la cual no se produce ninguna solemnidad. Antes bien, fue una persona con pensamiento de avanzada para su época y defendió el lugar de la mujer en la historia nacional; simbólicamente es tratada como cualquier otra mercancía que ingresa y se reparte en el país. Un país de indiferencia, de egoísmo y de soledad28.

Esta indiferencia la esboza Ramírez desde el primer capítulo de su novela, en una especie de retórica de apertura, en el que se convoca un ambiente frío, oscuro, lluvioso y de decadencia, representado en el cementerio donde el narrador busca la tumba de Amanda. Pero, además, le agrega dos componentes fundamentales de la vida humana: el tiempo y el olvido. Con ellos, hace hincapié en lo doloroso de haber realizado una obra de gran impacto para su país, y no tener un lugar de reconocimiento claro, aunque sea tiempo después de su muerte, como se evidencia en la siguiente cita:

También se ven obeliscos rodeados de verjas de fierro tras las que crece la hierba reverdecida por las lluvias y pesados promontorios de cal y canto que se alzan en el encierro de balaustradas de columnas rollizas, no pocas de ellas desportilladas, y en las lápidas de mármol, marcadas por las huellas de herrumbre de los tarros de conserva usados como floreros, y fechas borradas, obra de vándalos, podría alegarse, pero los peores entre ellos, conocidos por su inclemencia, son Tiempo y Olvido29.

Conclusión

En La fugitiva, Sergio Ramírez continúa con su trabajo de deconstrucción y ficcionalización de la realidad histórica y cultural centroamericana, mediante el abordaje de temas y personas que han sido complejos, y que han marcado importantes derroteros en el desarrollo de los países. En este caso específico, ha tomado la vida de Yolanda Oreamuno y la ha insertado en el contexto centroamericano y latinoamericano, para denunciar las contradicciones y mitos de la sociedad costarricense, especialmente los relacionados con la vida cultural, política y artística. La escogencia de Yolanda Oreamuno, entre el repertorio cultural costarricense, le permite construir un importante diálogo entre el espacio público y el privado, así como ahondar en la subjetividad. Como resultado de esta estrategia logra mostrar la energía vital del personaje, su individualismo, su firmeza y su libertad, pero al mismo tiempo descubre sus conflictos internos y el impacto que le genera una sociedad indiferente que la ha obligado al exilio. Por ello, el deber de Yolanda Oreamuno, en la vida real, y el de Amanda Solano, en la novela, están en consonancia con lo que Mario Sancho expuso en 1935, en Costa Rica, Suiza centroamericana. En él, se refiere al deber del sujeto, del sujeto crítico, de trascender los intereses y las pasiones malsanas30 y apropiarse de un discurso en el que prevalece el decir lo correcto, y no el odio y el desprecio por el otro, como suele ser común en el medio costarricense. Al igual que lo hace Amanda Solano, ataca fuertemente la artificiosidad de los sectores que se consideran aristocráticos, cultos y poderosos, y, en cierto modo, los hace responsables de anquilosar la sociedad costarricense, de no propiciar las condiciones de libertad y educación requeridas para un verdadero desarrollo.

Los tres tópicos analizados (libertad, exilio e indiferencia) han permitido a Sergio Ramírez una aproximación específica a un imaginario costarricense31 sustentado históricamente sobre conceptos estereotipados, tales como país culto, democrático y solidario. Estos valores son los que han cohesionado el país e ideológicamente han funcionado como ejes que refuerzan un sentido de identidad. La labor de este autor ha sido precisamente la de deconstruir dicho imaginario mediante una exploración y asedio a la vida de Yolanda Oreamuno, y de ese modo aportar nuevos y mayores elementos para comprender la historia costarricense.

Desde una perspectiva teórica, La fugitiva puede tomarse como un texto ambiguo, ya que el autor al mismo tiempo que reconstruye con un sentido realista la vida de Yolanda Oreamuno cede ante la necesidad de incorporarle diversos componentes de ficción y crear, con base en ella, un personaje literario denominado Amanda Solano, el cual es referido en tercera persona, lo que nos lleva a considerar esta novela como una biografía heterodiegética.

Por otra parte, la novela subvierte los códigos que han servido para construir un imaginario de la sociedad costarricense, presentándola como pacífica, culta y democrática. Ramírez adopta una posición crítica ante dicho imaginario, apoyándose en la vida personal y en la trayectoria que como escritora ha tenido Yolanda Oreamuno, una de las figuras más descollantes de las letras latinoamericanas a las que Costa Rica ha tratado con indiferencia, negándole el reconocimiento que merece.

Uno de los rasgos más claros de la narrativa de Ramírez es su capacidad para imbricar factores históricos, políticos y sociales con la dimensión humana y filosófica de sus personajes. En La fugitiva, esto es clave y le confiere una connotación particular a la novela, teñida de una tensión entre la vitalidad y el pesimismo. Este último se enuncia en el epígrafe en que, a modo de referencia intertextual con el Fausto, expone la contraposición entre la vitalidad proveniente de la juventud y la muerte. Este recurso semántico, al inicio de la novela, se proyecta en todas sus páginas y contribuye a conformar una atmósfera negativa que, a modo de amenaza, confirma que el abrigo de la juventud serán los gusanos, como se desprende de las palabras de La Matrona, personaje creado por Göethe: «Me atengo a la cortesía de mis modales para no tener que reñir aquí contigo; pero si de tu carne tan joven te vales sabe que de los gusanos será abrigo»32.


1 Escuela de Filología y Sede Occidente. Correo electrónico: joseangelvargas1620@gmail.com

2 Sergio Ramírez Mercado, Sombras nada más (Madrid: Alfaguara, 2002); Mil y una muertes (Madrid: Alfaguara, 2005); El cielo llora por mí (México, Alfaguara, 2008); La fugitiva (San José: Santillana, 2011); Sara (México: Planeta, 2013).

3 Durante el proceso de edición de este número de Letras, la prensa internacional anunció la concesión del importante Premio Cervantes 2017, al escritor nicaragüense (N. del E.).

4 José Ángel Vargas, Novela centroamericana contemporánea. La obra de Sergio Ramírez Mercado (San José: Perro Azul, 2006).

5 J. Ernesto Ayala-Dip, «La fugitiva», El País, 30 de abril de 2011.

6 Para un abordaje más amplio del género biográfico, consúltese a José Ángel Vargas, «Biografía, historia y literatura», Káñina XVIII, 1 (1994): 43-50.

7 Philippe Lejeune, Le pacte autobiographique (París: Editions du Seuil, 1980).

8 Alexander Jiménez, El imposible país de los filósofos (San José: Perro Azul, 2002) 88.

9 Manuel Antonio Baeza, «Memoria e imaginarios sociales», Imagonautas: revista interdisciplinaria sobre imaginarios sociales 1, 1 (2011): 76-95 (86).

10 Francisco Rodríguez, Imaginarios utópicos. Filosofía y literatura disidentes en Costa Rica (1904-1945) (San José: Editorial Universidad de Costa Rica, 2016).

11 Ramírez Mercado, La fugitiva, 94.

12 Ramírez Mercado. La fugitiva, 111-112.

13 Ramírez Mercado, La fugitiva, 106.

14 Ramírez Mercado, La fugitiva, 110.

15 Marcel Proust, «La prisionera», En busca del tiempo perdido (Madrid: Alianza, 1975) 8.

16 Proust, 419.

17 Marcel Proust, «La fugitiva», En busca del tiempo perdido (Madrid: Alianza, 1984) 9.

18 Proust, «La fugitiva», 11.

19 Ramírez Mercado, La fugitiva, 113.

20 Jacinta Escudos, «Centroamérica. Reflexiones de una nómada», Revista Envío 321 (2008): s. p.

21 Jorge Chen, «Otras formas de inmigración de la novela costarricense contemporánea: Rima de Vallbona y Virgilio Mora», Revista de Filología y Lingüística XXXV, 2 (2009): 81-89.

22 Oreamuno citada por Susan Campos, «Pensar en el país de los suicidas: una historia sacrificial» Arte y mujer: visiones de cambio y desarrollo social (2010): 249-263.

23 Chen, 81-89.

24 Escudos, s. p.

25 Yolanda Oreamuno, «El ambiente tico y los mitos tropicales», Repertorio Americano. Semanario de Cultura Hispánica, XXXVI, XX, 11: (1939) 169-170.

26 Rima Rothe de Vallbona, La narrativa de Yolanda Oreamuno (San José: Editorial Costa Rica, 1995) 28.

27 Vallbona, 27.

28 Ramírez Mercado, La fugitiva, 12.

29 Ramírez Mercado, La fugitiva, 14.

30 Mario Sancho, «La Suiza Centroamericana», Costa Rica. Dos visiones críticas (San José: EUNED, 2009) 4.

31 Sobre el concepto de imaginario se recomienda la lectura de Imaginarios utópicos. Filosofía y literatura disidentes en Costa Rica (1904-1945), publicado por Francisco Rodríguez en el 2016; y sobre la construcción y análisis del imaginario costarricense véase El imposible país de los filósofos, de Alexander Jiménez Matarrita, editado en 2002.

32 Cfr. la traducción de Augusto Bunge. Goethe. 1949. Fausto (Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, 1949) 194.


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