Vol 16, No 31, Enero-Junio 2018 ISSN: 1409-3251 EISSN: 2215-5325

 

 

 

 

 

 

 

Economías de escala y externalización de

labores agrícolas en la región pampeana (Argentina)

 

Economies of Scale and Outsourcing of Agricultural Labor

in the Pampa Region (Argentina)

 

DOI: http://doi.org/10.15359/prne.16-31.8

 

 

 

Patricia Beatriz Lombardo

Universidad de Buenos Aires, Argentina.

patricia@agro.uba.ar

 

Rita Marra

Universidad de Buenos Aires, Argentina.

marra@agro.uba.ar

Recibido: 27/02/2017 Aceptado: 30/10/2017 Publicado: 30/06/2018

 

 

Resumen

En las últimas décadas en la Argentina, y especialmente en la región pampeana, se ha producido una significativa desaparición de explotaciones agropecuarias y disminución en la cantidad de personas trabajadoras permanentes. Al mismo tiempo, se ha registrado un incremento en la externalización de las labores agrícolas. En dicho contexto, el ente contratista de servicios de maquinaria agrícola se ha ido configurando como una pieza clave para el aumento de la eficiencia productiva, debido a su capacidad para responder en forma ágil y flexible a los cambios técnicos y de organización laboral. Quienes demandan estos servicios conforman un universo heterogéneo tanto en escala de producción como de composición y requerimientos tecnológicos, lo cual incide en su forma de vinculación con los entes contratistas. Entre estos grupos demandantes, ocupan un lugar significativo los “pooles” de siembra - emprendimientos basados en la generación de economías de escala - que operan grandes superficies de tierra y que prefieren alquilar el servicio de máquinas. Este trabajo tiene como objetivo general analizar las modalidades de vinculación entre estos emprendimientos y contratistas de servicios de maquinaria. Para la consecución de este objetivo, se utilizó un abordaje de tipo cualitativo y la recolección de información se llevó a cabo mediante entrevistas semiestructuradas.

Palabras claves: Articulación entre tecnología y producción, “pooles” de siembra, demanda de servicios de maquinaria agrícola

Abstract

In the last decades in Argentina, especially in the Pampa region, there has been a significant decrease of agricultural farms and permanent workers, as well as an increase in the outsourcing of agricultural labor. In this context, contractors offering agricultural machinery services have become a key piece in the increase of production efficiency due to their ability to respond on a flexible and agile manner to technical changes and labor organization. Those demanding these services constitute a heterogeneous universe both in production, as well as in composition and technological requirements, which affects the way they relate with contractors. Significantly important among these groups are the “sowing pools”, which are enterprises based on the generation of economies of scale that operate large areas of land and prefer renting machinery. The general objective of this paper was to analyze the types of relationships between these enterprises and machinery contractors. A qualitative approach was used, and information was collected through semi-structured interviews.

Keywords: articulation between technology and production; sowing pools; demand for agricultural machinery services

 

 

Externalización de labores agrícolas y actores sociales

Las transformaciones generadas en las últimas décadas del siglo XX, y consolidadas en lo que va del presente siglo, han implicado que las formas capitalistas adquirieran una mayor relevancia en la producción agropecuaria. Este fenómeno trajo aparejada la desaparición de gran cantidad de explotaciones pequeñas y medianas, la expansión de otras y la transformación de los sujetos agrarios, evidenciando así una multiplicidad de vínculos para el desarrollo de la producción y un reposicionamiento de los actores sociales en la esfera productiva (Moreno, 2011).

En conjunto con la reducción en la cantidad de las explotaciones, se produjo un avance del contratismo de servicios de maquinaria agrícola y su consecuente incidencia en la estructura agraria (Mikkelsen, 2009).

Al analizar la información proveniente de reprocesamientos del último Censo Nacional Agropecuario (2008), se puede observar que el 40% de la superficie agropecuaria total de la región pampeana es trabajada por contratistas de servicios de maquinaria y presenta variaciones según las provincias. Estos datos estarían poniendo de manifiesto la dependencia que tiene la producción agraria pampeana de contratistas de servicios de maquinaria (Lombardo y García, 2015) o como bien expresa Murmis (1988, p. 330): “la subordinación de la producción a la dinámica del capital”.

Según Bustamante y Maldonado (2009), uno de los principales factores que propició la consolidación del contratismo rural ha sido la demanda de una mecanización especializada para poder participar en el proceso de intensificación agraria. Este requisito no pudo ser afrontado por gran parte de los grupos productores agropecuarios, ya sea por la escala reducida de sus predios o por lo elevado de la inversión requerida.

Demandantes de estos servicios conforman un universo heterogéneo que persigue distintos objetivos mediante la tercerización de las labores. Por un lado, la contratación de servicios posibilita la permanencia de grupos agricultores familiares que, dada su baja capacidad de acumulación o escala de producción, no pueden acceder a los niveles de tecnificación más avanzados. Por otro, es de suma utilidad para empresas agropecuarias de mayor escala así como para los “pooles” de siembra a quienes les resulta inconveniente inmovilizar su capital en la compra de maquinaria por lo que mantienen, de este modo, su flexibilidad productiva y económica (Muzlera, 2010).

Estos emprendimientos (los “pooles”), conformados por la suma de capitales financieros que ven en el agro una oportunidad de rentabilidad mayor que la de otras áreas de la economía (Muzlera, 2015), logran alcanzar economías de escala, en las cuales reside, justamente, su principal ventaja competitiva (Posadas y Martínez de Ibarreta, 1998). Los grupos contratistas constituyen una pieza fundamental de la estructura de los “pooles” (Lódola y Fossati, 2003), a quienes les resulta inconveniente inmovilizar su capital en la compra de maquinaria. Así, este artículo tiene como objetivo general analizar las modalidades de vinculación entre “pooles” de siembra que operan en la región pampeana y contratistas de servicios de maquinaria.

 

 

Estrategia metodológica

Para la consecución del objetivo planteado, se utilizó un abordaje de tipo cualitativo. La recolección de información se llevó a cabo mediante entrevistas semiestructuradas a integrantes de tres “pooles” de siembra que desarrollan sus actividades en la región pampeana.

Para la realización de las entrevistas se diseñó una guía orientativa de preguntas que contempla distintas dimensiones, entre las que se pueden mencionar: motivaciones para externalizar las labores; modo de vinculación con ente contratista y factores que intervienen en la permanencia del vínculo; caracterización de quien presta los servicios y relación contractual; tipo de labores contratadas y nivel tecnológico demandado; calidad y oportunidad de las labores; incidencia de la externalización sobre: la planificación de las actividades productivas, la organización laboral, la generación de nuevos requerimientos tecnológicos, la relación con otros actores sociales y sobre los costos de producción.

 

 

Presentación de los resultados

 

Caracterización de los “pooles” de siembra

Los tres “pooles” de siembra analizados desarrollan sus actividades en la región pampeana. Dos de ellos, conformados por jóvenes profesionales, se crearon en 2008 y 2010, respectivamente, mientras que el tercero se conformó en 1998.

De acuerdo con Caligaris (2015), y tomando en cuenta la superficie operada, dos pueden considerarse como medianos (los creados en 1998 y 2008), en tanto que el restante como pequeño, ya que no supera las 1.000 ha y se caracteriza - al igual que el conformado en 2008 - por limitar sus socios al círculo de conocidos, pudiendo tratarse de una forma renovada de asociaciones entre pequeñas empresas capitalistas para poder enfrentar las nuevas escalas mínimas de producción. Todos diversifican el riesgo (comercial y climático), arrendando tierras en distintas zonas y produciendo diferentes cultivos (soja, maíz, trigo, sorgo, arveja).

Con respecto a su organización laboral, cuentan con un ingeniero agrónomo, responsable de monitorear el estado de los cultivos sembrados, establecer las pautas tecnológicas, supervisar la evolución de las labores realizadas por los contratistas de servicios de maquinarias y, eventualmente, intervenir en la logística de insumos.

Los “pooles” entrevistados no poseen las maquinarias necesarias para realizar las labores agrícolas ni tampoco disponen de personal fijo. Uno reconoce que, por una cuestión de conveniencia, “hace 2 años (2014) compramos un pulverizador porque había pocos en la zona. Es la única maquinaria que tenemos y a porcentaje con un contratista con el que veníamos trabajando”.

La estrategia está basada en la externalización de las labores con el propósito de no inmovilizar capital en la compra de maquinaria, para conservar una alta liquidez y mantener su flexibilidad productiva y económica (Villulla y Amarilla, 2011).

Estos emprendimientos trabajan con una modalidad de organización de la producción en red que tiene como epicentro una reconfiguración sustantiva en el mapa de agentes económicos, sus formas de relación y la consecuente estructura de la actividad en su conjunto (Bisang y otros, 2008).

 

Vinculación entre la oferta y la demanda de servicios

El modo de vinculación entre estos actores sociales (“pooles” y contratistas) se sustenta principalmente en razones de oportunidad y conveniencia, lo cual se refleja en las expresiones de los sujetos entrevistados:

“No siempre contratamos al mismo. Arrancamos con uno, con el que todavía seguimos. Y después tenemos otros que vamos variando según la zona donde alquilamos…”.

“Los primeros 2 años contratamos a dos prestadores y desde 2010 a hoy trabajamos con otros dos prestadores diferentes”.

“Desde hace 3 campañas aproximadamente que, en general, contratamos a los mismos. En general, se nos han ofrecido, algunos de ellos se apersonan en el campo a ofrecer servicios”.

 

En cuanto al tipo de prestador, prefieren aquellos considerados como contratistas puros por diversos motivos:

“Seriedad, responsabilidad y compromiso del contratista con el proyecto”.

“La gran mayoría de los contratistas que nos prestan servicios, son contratistas puros. También algunos son contratistas productores y hacen principalmente labores culturales, los llamamos para no molestar al grande”.

“Preferimos a este tipo de contratistas ya que viven de eso, son profesionales, priorizan el trabajo comprometido, no tienen que trabajar su campo y después venir. Aparte, los contratistas puros se actualizan tecnológicamente, tienen las mejores máquinas…”.

 

Los sujetos entrevistados identifican como principales criterios para la permanencia del vínculo establecido con el ente contratista, la cercanía geográfica, la idoneidad, la minuciosidad (“prolijidad”) con que se realizan las labores, las tarifas y plazo de pago, así como cierto conocimiento previo.

Si bien la totalidad considera que en las zonas donde opera existe una alta disponibilidad de instancias prestadoras para las labores requeridas (siembra, labores culturales, pulverización, fertilización, cosecha), uno de los entrevistados observó que “… este año se nos complicó el tema de la cosecha. Por las lluvias, todas esas máquinas que venían del norte no vinieron... Hace 3 o 4 años tuvimos problemas con la fumigación y fue cuando tomamos la decisión de comprar el pulverizador”.

La permanencia del vínculo establecido, basada principalmente en la confianza, ha permitido la concreción de acuerdos específicos entre las partes que, según dos de los sujetos entrevistados, se benefician mutuamente. En uno de los casos, donde el “pool” ha establecido arreglos con distintos contratistas, sostienen que:

 

Más que nada le compramos una pulverizadora (al contratista) para que nos trabaje con prioridad y después preste servicios afuera (en el tiempo ocioso). Le cobramos un porcentaje por el uso de la maquinaria (que es propiedad del “pool”). También tenemos un convenio, con otro contratista, de siembra compartida; él capitaliza su trabajo y tiene un porcentaje (pago en especie). A otro contratista le compramos un guinche que necesitaba y lo pagó con trabajo. Este tipo de relaciones solo se establecen con aquellos contratistas de confianza.

 

En el otro caso, el “pool” colaboró financieramente para que un contratista pudiese comprar una pulverizadora: “Le dimos cheques largos, por pulverizaciones que aún no se habían hecho. Eso aseguró mejores labores. Por supuesto, era un contratista de confianza y nos beneficiamos las dos partes”.

Más allá del grado de confianza alcanzado con los grupos contratistas, en las entrevistas expresan que consideran necesario controlar la preparación y manejo de los insumos utilizados, tarea que se delega en profesionales que se contratan (de ingeniería agronómica). Dichos insumos son provistos por los “pooles”. Cabe destacar que estos actores sociales, debido a su escala de producción, tienen una mayor capacidad de negociación en la compra de insumos, lo cual les permite disminuir sus costos.

Todo el grupo entrevistado admite que la modalidad de contratación es de tipo informal (sin contrato escrito) y por labor. En cuanto al proceso de negociación de la tarifa, se han podido identificar ciertas diferencias en las estrategias:

“Buscamos referencias con tarifas de otras zonas y hablamos con productores de la zona”.

“Oferta y demanda cien por ciento. Lo que se paga en la zona y en base a eso se negocia. Por ahí a alguno le pagas un poquito más porque trabaja mejor …”.

“Lo que se paga en la zona, más que nada para tener una base. Mi socio se sienta a negociar con ellos la tarifa y forma de pago para toda la campaña”.

 

El pago con cheques es la modalidad utilizada, mientras que los plazos son diferentes según los acuerdos alcanzados:

“Y los plazos son negociables… generalmente a 30-60 días”.

“Recibimos descuentos por cantidad de superficie y hay una cuestión de fidelidad entre el “pool” y los contratistas. Negociamos los plazos de pago, como mínimo 30-60 días y podés llegar a 180 días”.

“Nosotros somos un “pool” chico, pero un socio además maneja casi 4.200 ha… con lo cual conseguimos buenos precios y los contratistas se aseguran superficie”.

 

Cuando se indaga acerca de cómo evalúan la calidad de la ejecución de las labores, todo el grupo la considera como buena y destaca que se debe priorizar la destreza y la prolijidad con que se realiza el trabajo, sin perder de vista un uso eficiente del tiempo, que incidirá en el nivel de producción por obtener. Sin embargo, unánimemente admiten haber sufrido episodios de mala praxis que implicaron pérdidas de los cultivos, de diferente magnitud, y que se resolvieron de distinto modo.

En cuanto a la oportunidad de realización de las labores contratadas, no se han identificado problemas. Con base en una planificación previa, los “pooles” pueden comunicar los pedidos a su contratista con la debida antelación. Resaltan que existe “un trabajo en conjunto con los contratistas”, que permite realizar las labores en tiempo y forma. Coinciden en afirmar que la contratación de servicios no influye en las decisiones sobre las actividades productivas desarrolladas, la superficie destinada a cada una de ellas y la modalidad de realizarlas.

El ente contratista puede responder a la demanda de una mecanización especializada, mejorando su parque de maquinaria, su capacidad de trabajo y sus conocimientos (Agüero et al, 2007). Estas cuestiones se ponen en evidencia a partir de lo manifestado por los sujetos entrevistados:

“Para nosotros es importante que podamos manejar tecnologías nuevas, poder aplicarlas sin limitaciones y que la empresa que nos brinda el servicio también lo haga, es una tranquilidad”.

“Los contratistas tratan de actualizarse continuamente. Nosotros notamos que si el contratista ve que estás creciendo, él crece en función de las necesidades”.

 

Este sujeto social se ha convertido en un actor central en la forma de organizar la producción y funciona como un promotor del relacionamiento entre distintos actores sociales. Una de las personas entrevistadas expresa que “el contratista es un agente más del ambiente que interacciona con nosotros, al igual que con los vendedores de insumos que también son los mismos desde hace varios años ya. Es un circuito”.

Las principales ventajas de la contratación de servicios de maquinaria identificadas son: la comodidad de disponer del servicio oportunamente, el amplio conocimiento que tiene el sector contratista del sector agropecuario -lo cual facilita las relaciones con otros actores sociales- la liberación de tiempo para dedicarlo a otras actividades, la simplificación de la organización laboral y el hecho de no inmovilizar capital en maquinarias.

Entre las desventajas, coinciden en que se debe controlar la calidad de las labores, ya que “al contratista lo único que le importa es la hectárea, por lo tanto no se preocupa por la velocidad, control y calidad… pero el ingeniero agrónomo tiene como función controlar estos aspectos”.

 

 

Consideraciones finales

A partir de la sistematización y análisis de la información relevada a un universo de estudio acotado, se ha podido identificar una serie de elementos que contribuyen con la caracterización de las vinculaciones establecidas entre sujetos sociales agrarios (contratistas y “pooles” de siembra), que tienen un rol destacado en el proceso de agriculturización.

Las relaciones que se establecen entre estos actores están mediadas, principalmente, por factores como la oportunidad y la conveniencia que podrían dificultar el fortalecimiento y permanencia de los vínculos. Si bien la confianza basada en un conocimiento previo también es un factor presente que permite la consolidación de los vínculos, esta no ocupa un lugar primordial. Según Muzlera (2015), el advenimiento del “pool” incrementa aún más la mercantilización de las relaciones sociales en el agro.

Al momento de elegir un ente prestador de servicios de maquinaria, los “pooles” priorizan aquellos considerados como “contratistas puros” por su mayor nivel de profesionalización -en términos de una constante capacitación y adquisición de conocimiento, destreza y habilidad- y por su alto grado de tecnificación, lo cual asegura idoneidad en la ejecución de las labores.

En aquellos casos donde los vínculos se sustentan en la confianza, se han generado ciertos acuerdos -que trascienden la relación de oferta y demanda de servicios- de los cuales, aparentemente, se beneficiarían ambas partes. Sin embargo, como sostiene Moreno (2011), este tipo de acuerdos podría estar implicando una suerte de relación de dependencia con el ente empleador y estar generando una obligación laboral de varios años.

Por su escala de producción, los “pooles” detentan un mayor poder de negociación que les permite obtener, por un lado, reducciones en las tarifas de las labores y, por otro, mayores plazos de pago, lo cual implica, de este modo, una disminución en los costos de producción y mejores condiciones financieras.

Si bien los sujetos entrevistados se muestran satisfechos con la calidad de los servicios que contratan, la totalidad ha sufrido episodios de mala praxis -que fueron subsanados de diferentes maneras-, lo cual entraña un riesgo potencial de generación de futuros conflictos y tensiones debido a la informalidad contractual (“contrato de palabra”), que han llevado a un entrevistado a manifestar la necesidad de implementar pautas regulatorias.

Los “pooles” tienen una lógica del negocio agrícola (Moreno, 2013), donde la tecnología constituye una cuestión primordial para obtener altas tasas de rentabilidad. En ese contexto, el ente contratista de servicios de maquinaria desempeña un papel central no solo como agente articulador entre la tecnología y la producción, sino también por su amplio conocimiento del sector agropecuario y por su relacionamiento con diferentes actores sociales.

Por último, es válido reflexionar sobre la afirmación de José Muzlera (2015) en cuanto a que los “pooles” no son los responsables de la innovación tecnológica, pero sí de popularizarla. Son ellos quienes popularizan la figura del ente contratista y la del sector técnico asesor, y quienes impusieron la necesidad de la eficiencia y la profesionalización.

 

 

Referencias

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Bisang, R., Anlló, G. y Campi, M. (2008). Una revolución (no tan) silenciosa. Claves para repensar el agro en Argentina. Desarrollo Económico, 48(190-191), 165-208.

Bustamante, M. y , G. (2009). Actores sociales en el agro pampeano argentino hoy. Algunos aportes para su tipificación. Cuadernos Geográficos, 44(1), 171-191.

Caligaris, G. (2015). Concentración y centralización del capital agrario en la región pampeana. El caso de los grandes pooles de siembra. Mundo Agrario, 16(31). Recuperado de http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar

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