R E P E R T O R I O


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A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° 32, Enero-Diciembre, 2022

ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143


Poemas de Alejandro Campos Ruth

Noche de poesía

Crujir

de vagones josefinos,

blancas candelas,

trenes y trenes que vienen,

sin decir cuándo volverán,

mientras múltiples recuerdos

y poesías traían.

Cada verso,

y notas del violonchelo

y la guitarra que como fuego

entre notas llevo,

es noche de poesía,

noche de maravilla.

Quizá sus ojos,

encendían lentamente

cada sonrisa.

Recuerdos viajeros,

en rieles se fueron,

un profundo cielo,

que solo letras encendieron,

es noche de poesía,

noche de maravilla.

Poeta joven

Sus armas no son más que letras

conjugadas en las pupilas de su amada,

su sangre se perfora en la tinta,

y su llanto se plasma en cualquier papel.

No ocupa dinero para viajar por el universo,

y podría entregar su vida

sin pronunciar palabra alguna,

mientras su cobija son versos y rimas,

la luna refracta en su mente

la conquista de la sonrisa dorada

que inspira cada línea de su alma.

Primavera

Entre troncos

veo el amanecer,

y el bosque apenas susurra,

la tormenta ha pasado.

El frío comienza a bailar

y asciende hasta los cielos,

las flores claman al sol,

el brillo que tú me das.

Tus brazos han sido mi cabaña,

y tu sonrisa el fuego de mi alma,

ha llegado la primavera,

y tu silueta moldea

la alegría del tímido bosque.

Amor perdido en altamar

Cuando se pierde la luz,

Aclaras la tempestad,

El timón se destroza,

Sus astillas crujen en mi alma.

Se sumerge el ancla,

Y con ella mi existencia,

El mar me regaña,

Pero lucharé por tu amor.

Le ofreceré mis tesoros a la tempestad,

Que la profundidad carcoma mis huesos,

Vaciaré vino y aceite,

Y que los espíritus del océano vistan mis joyas,

Mientras el mar no robe mi recuerdo de tu esencia.

Mis mapas volarán como albatros,

Navegaré sin sentido hasta encontrarte,

Yo era el capitán,

Pero tú eras el equilibrio de mi destino.

Una tarde de café

Tuestas mi imperfección

en la suavidad de tus manos,

hasta que el humo expire

en susurros

la locura del corazón.

Muele mi silencio

como granos de café,

tan solo una mirada,

acompaña al sol

hasta el anochecer.

Gotas de lluvia

acariciando tu cabello,

permíteme invitarte

a una taza de café,

o a un beso bajo la lluvia.

Mientras sirven,

mi alma capuchina

se deja guiar hasta el infinito,

por tu aroma de mujer.


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